¡Cloc, cloc, cloc!. Lentamente escucho
sus pasos, entreabro la puerta y allí estaba mi amigo. Mi mira y resopla, salgo
corriendo, se arrodilla y subo, rápidamente entramos al camino principal, cruzamos
la chacra de yucas y maní, diez minutos después desde lo alto, mirábamos al
pueblo. Ese pueblo que lo llevo en mi corazón eternamente: Limabamba.
