Me quiero imaginar a un grupo de
fornidos indígenas que, a golpe de piedra sobre piedra, desde la aurora se
dedicaban a tallar los cerros para albergar a sus muertos. Me quiero imaginar
la pompa de aquellas ceremonias donde con dolor y al mismo tiempo orgullo
enterraban a sus muertos. Me quiero imaginar a cuatro o cinco varones y mujeres
que moldeaban el barro y hacían, lo que para el mundo es hoy, LOS SARCÓFAGOS DE
CARAJIA. Me quiero imaginar…
