Estoy segurísimo que muchos al
amparo de nuestras frustraciones deportivas a más de un árbitro lo hemos
recordado hasta el último eslabón de su ADN familiar por una mala decisión contra
nuestro equipo. Recuerdo que árbitros argentinos, chilenos y uruguayos
(recuerdo a Chechelev) que eran impuestos por la Confederación, la FIFA o lo
que se llame, nos anulaban los goles que querían, nos metían los goles a “puño
limpio”, desde las tribunas el país se exaltaba, terminado el partido,
volvíamos a nuestra rutina y siempre se escuchaba que “como no tenemos poder”
dirigencial hacen con nuestro equipo lo que quieran.
