Tengo medio siglo cargando
sobre mi cuerpo. Suficientes como para entender y comprender que algo en
nuestro entorno anda mal y huele mal. Las noches no son frías, son heladas, los
días no son cálidos, son ardientes (por el sol). Nuestros labios necesitan de
crema de cacao o de lo que sea para que no se parta por el frío seco y brusco
que se adhiere a tu piel y por más abrigo que te pongas, viajas y duermes con
él. El sol te quema hasta las entrañas. Y sigo pensando que algo va y huele
mal.