Desde
hace mucho tiempo, he tenido la curiosidad por saber de la virgen más pequeña
del mundo, pero poca oportunidad he tenido de viajar. Por inercia, impulso o
algo ajeno a mi voluntad, estaba sentado en el vehículo que me llevaría a Lamud
que en este mes respira, transpira y vive al entorno del “Señor de Gualamita”.
Se hizo, se cumplió, la conocía y por eso comparto una historia, que enriquece más
nuestra cultura religiosa amazonense.