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jueves, 19 de junio de 2025

Chachapoyas: ¿Qué priorizar para un mejor futuro?

 

                


                Me vestí de águila, volé sobre la ciudad, me detuve a mil metros de altura, me mantuve luchando con los vientos. Observé desde Taquia hasta Pencapampa, desde Huancas hasta el mirador del Pumaurco, desde el molino hasta Higos Urco. Agudizando la mirada, resalta lo urbano sobre lo rural, los servicios sobre los productivos, lo burocrático sobre lo operativo, lo tradicional antes que la innovación. Volé, me posé en mi nido y no supe que decir.

            En democracias modernas, se habla mucho de dos conceptos: gobernanza y gobernabilidad; el primero, pasa por regular los asuntos de interés público y lo segundo, la capacidad para ejercer sus funciones y alcanzar los objetivos propuestos: Para que esto suceda, se tiene que entender la orientación del territorio, sus posibilidades, sus taras, así como la que la diferencia del resto, sabiendo esto, podemos recién aplicar acciones para ser competitivos y crecer de una manera estructural, ordenada, pensando en el bien común.

                Tanto la gobernanza como gobernabilidad, requiere de una construcción social para lo cual se hace fundamental, conocer los actores formales e informales, así como sociales e institucionales que con su voz y aporte nos tienen que dar una idea para que estratégicamente podamos desarrollar acciones que generen desarrollo dentro del territorio.



                En ese vuelo de águila, aprecié que se está dando más valor al tema urbano. Cada vez la parte agrícola o forestal se merma para dar paso a estructuras de fierro y cemento, el cual puede a largo plazo generar serios problemas en la seguridad alimentaria, toda vez que, a menos tierras para agricultura, menos alimentos y el hambre se incrementa.

                Dentro del desarrollo de las ciudades, se tiene que evaluar los tipos de territorios con que se cuenta, sea periurbano, con vocación agrícola, servicios ecosistémicos, habitacional y hasta industrial y esto deberá reflejarse en documentos de desarrollo, como los planes urbanos. Sin conocimiento de lo que tenemos, el enfoque de desarrollo no conduciría a nada, salvo al caos, desgobierno e incompetencia.



            En ese proceso, debe surgir las respuestas a la pregunta que me hago. ¿Qué ciudad queremos? Seguir siendo de servicios, industrializado, megadiverso, para vivir bien, tranquila y segura, etc. Sea cual sea lo que aspiramos tiene para pasar por un proceso de diálogo sostenido y permanente. La capital de Amazonas viene creciendo de una manera exponencial en los últimos treinta años, la zona periurbana es más poblada y no planificada. Ello está conllevando al despoblamiento de territorios rurales que podrían desaparecer a corto plazo. Si es que hoy no miramos el futuro como águila, quizá a mediano plazo cuando queramos vivir con dignidad, será difícil porque hoy que tenemos la oportunidad de mirar el futuro, fuimos ciegos al mañana y esa ceguera nos quitó la posibilidad de ser mejores que los demás.

            Planificar es prevenir el mañana. Planificar es soñar. Planificar es anticiparse al futuro. Planificar, es una responsabilidad de todos. 


            Dejemos de lado la planificación reactiva por la de prospectiva, pero ¡ya!

martes, 11 de enero de 2022

Chachapoyas: 2038 el año esperado

 



Levanto la mano, el bus urbano para. Lo tomo en Salamanca, me lleva hasta 16 de octubre. El recorrido es largo, lo bueno es que las calles están bien afirmadas y encementadas. Frena en seco, un grupo de deportistas, sube hacia la ciudad por hermosura. Es una maratón programada por los 500 años de la ciudad. Son como cinco mil inscritos. El aniversario lo amerita, tal es así que llegaron delegaciones de 55 países del mundo. Felizmente hay hoteles y restaurantes adecuados para atender la demanda. Las calles están llenas de personas que celebran con entusiasmo este aniversario. No todos los días se celebra 500 años.


Un día antes, estuve mirando a la ciudad desde el MIRADOR DEL PUMA, construido en las faldas del
Puma Urco. Un mirador, que no envidia a nada. Tiene cafeterías, áreas de esparcimiento, un pequeño
museo y hasta una biblioteca 4D. Dentro de poco, será la base para un teleférico en la ciudad. Desde allí, con un largavista pude contemplar esa ciudad que soñé hace muchos años. Veo edificios de hasta ocho pisos al costado de lo que son los hospitales de EsSalud y Minsa en Chachapoyas. Las viviendas han crecido exponencialmente hacia Huancas, que ya forma parte de la ciudad. Los que se llamaban asentamientos o invasiones, tienen servicios básicos y elementales. Es la otra cara de Chachapoyas. Tiene áreas verdes, parques de recreación, se respira vida. Se nota que ya no somos 40 mil personas. Habitan con nosotros, más de 70 mil.



El centro histórico, está lleno de vida y tradiciones. Algunas casonas, se convirtieron en museos (comprados por el Estado) de diferente género: histórico, religioso, artes plásticas, incluso por las noches, hay conciertos de música. Mi ciudad, tiene fama mundial, se ha convertido en el centro del mundo. Todos los días llegan a nuestro aeropuerto turistas de todo lado. Mis oídos cansados por el tiempo, identifica cuando camino por Amazonas, algo de ruso, de alemán, de italiano, de mandarín, de inglés y hasta amárico, lengua que se habla en África.

El sistema de organización social de la ciudad, es interesante. Las normas y disposiciones se cumplen. Se nota el nivel de ciudadanos que saben sus derechos y deberes. No se ve perros callejeros y vagos por las calles como en los años 20 de estos tiempos. Hay un sistema de recojo de basura subterráneo que puede almacenar 100 toneladas de basura diaria. El agua, que era un problema, es suficiente y de mejor calidad. Se han desarrollado proyectos de alta gama para lograr que las aguas del río Sonche se transformen en agua dulce.

Me encanta despertar todas las mañanas y ver nuestros parques y plazas llenos de flores que emiten fragancias que alimentan el espíritu y las ganas de seguir viviendo pese a los dolores y achaques de la vejez. Mi mente regresa a mi infancia, donde caminaba pata cala por calles de barro. Hoy, eso es historia. Mi ciudad, es la que imaginé y sin duda alguna, lo que se pensó, soñó, se hizo realidad. ¡Bien por Chachapoyas, la ciudad que es difícil de olvidar y dejar de querer!. 

P.D: Un artículo futurista. Utopía hoy, que, si soñamos en grande, se puede hacer realidad.


Fotos: Francisco Merino/ el autor