Era una mañana como todas, el sol
despegaba con fuerza hacía el medio día, las aguas tranquilas del río Santiago
permitían el viaje hacia Nieva sin contratiempos, la temporada de lluvias
habían cesado. ¡Tráeme la pupuna!, le dice Achayáp (1) a su esposa, ¡Vamos a
cazar aves para comer! Ella cargado de su pequeño, llevaba la pupuna y los tres
subieron a la canoa para viajar aguas abajo del Alto Nieva.
