jueves, 15 de febrero de 2018

“El Chillo” un hotel museo en el Utcubamba.




“He tenido en mis manos, las rodillas de uno de los hijos más ricos del mundo”, “El presidente venía escapándose de Lima, se paseaba por la chacra, caminaba y jebeaba al pichucho como chiquillo”, “El jugador Davis, ese con sus lentes que jugaba por Holanda, también estuvo por acá”, “ La hija de George Bush" también.


Bajo de la camioneta, nos encontramos con un apretón de manos, él cargaba una podadora de pasto, yo, una ilusión de conocer las entrañas de “El Chillo” un hotel mágico hecho a medida y semejanza de su propietario Oscar Arce Cáceres, conocido como “zorro”. Vaya que la chapa es bien puesta. Es astuto, inteligente, voz típica chacha, todo terreno y un enamorado exagerado de todo lo que se hable, respire, diga o calle de Chachapoyas, la tierra de su viejo, el ex alcalde y primer odontólogo de la ciudad, Dr. Humberto Arce Burga.
Comedor de visitantes donde se puede apreciar una serie de reliquias que forman
parte de la evolución de la ciudad de Chachapoyas


Toda la extensión de la estancia, mide más de 400 hectáreas, cuenta con habitaciones amplias y de todos los tamaños y precios también, hecha con piedra y calicanto, tiene piscinas cuya vertiente de agua nace debajo de una añeja palmera. Extensiones de plantaciones de café, plátanos, naranjas, una capilla simple y única presidida de un Cristo hecho por su hijo Peter y formado de una raíz de un grueso nogal. Tiene bancas rústicas de madera sacada de las palizadas que trae el río. Una planta que te llama la atención a primera vista es un árbol de caucho, grueso, enorme y que ya tiene 48 años de vida.
Es hecho de la raíz de un árbol de nogal. Es un Cristo muy original.
Tiene un bar, comedor, sala de estar y un ambiente rodeado de paneles fotográficos que obnubilan por un instante a todo aquel que ingrese al ambiente. En este ambiente amplio, esplendoroso, mágico, puedes encontrar como 20 fotografías ampliadas de la ciudad de Chachapoyas del siglo XX. Si bien es verdad la primera cámara nace en el primer tercio del Siglo XIX, las fotos es probable que hayan sido tomadas entre 1890 a 1960. Destacan la Plazuela de Burgos, la Plaza de Armas, nuestra catedral que más se asemeja a iglesia de pueblo, el primer carro, la primera bicicleta, una serie de máquinas de escribir y todas en perfecto estado. Una de ellas fue utilizado nada menos por Víctor Raúl Haya de la Torre, una bien conservada montura utilizada por el Presidente Manuel Prado Ugarteche, unas cámaras fotográficas antiquísimas, planchas de fierro, primus, radiolas y una victrola, quizá la más grande que haya llegado a la capital de Amazonas y que sirviera para amenizar las fiestas de la “alta sociedad chachapoyana”, en salones burgueses donde un Tango, Swing o Jazz, Soul, Nueva Ola, Chicas Ye-Yé, huarachas y en todo su apogeo y glamour, La Chumaychada.


Rodeado de máquinas de escribir. ¿Qué complicidad habrá en cada tecla, verdad?


En todo el ambiente se respira a tranquilidad, a campo, a libertad. Ya tiene más de 20 años al servicio del mundo. Muchas personalidades de la política, de la economía, deportistas famosos, millonarios del mundo han disfrutado de sus ambientes y todos han quedado encantados de su magia, de sus reliquias inimaginables que tiene la estancia. Una reliquia que no tiene valor económico es la cabeza de un tigre de bengala fosilizado y que es un tesoro, no solo para el hotel, lo es también para Amazonas.
El fósil de la cabeza de un tigre de bengala. Es impresionante.


Creo que en la Estancia “El Chillo” conjuga sutilmente la naturaleza, la bondad de los propietarios y su espíritu de lucha y apego a la tierra. El “fox”, todos los días tiene algo que hacer, camina, rebusca, otea para hacer mejoras permanentes a fin de que la estadía del visitante deje un sello especial en cada uno. Un sello hermético quizá nunca saber la galería de personalidades que habrán dejado su espíritu en cada cama, en cada suspiro, en cada noche de luna y estrellas o sus pasos errantes en cada piedra, en cada pieza que rodea el lugar.
Árbol de caucho, casi único en esta parte de Amazonas


Es mágico, monumental. Es la esencia de un pueblo que tiene miedo a cambiar de piel, es una apuesta (hasta ahora) por un servicio exclusivo. Es la huella de los “zorros” por hacer de la herencia del viejo, una causa que motive el orgullo por lo nuestro. Ah, está tan cerca de la ciudad. Una hora basta para llegar al lugar, pero…solo abre de mayo a diciembre.
Cámaras fotográficas, planchas de fierro pesadas y radio antiguas

Tocadiscos de los años 50
Victrola. Una reliquia que se preserva en la Estancia "El Chillo"
Con la máquina de escribir utilizado por Víctor Raúl Haya de la Torre. Toda una joya.


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