¡Callejón
oscuro por huevón!. Solo atinó a cerrar los ojos y correr como alma que le
persigue el diablo. ¡Poj, poj, poj!, sentía en su cuerpo las patadas, los
cocachos y los empujones de sus compañeros. Al final de ese túnel humano, cayó
como saco de plomo, unas lágrimas de impotencia salían de sus achinados ojos.
