viernes, 26 de febrero de 2010

¡VAMOS PA´ SANTIAGO! (ULTIMA PARTE)


Dicen los amigos, que salir de la rutina e internarse en medio de los bosques y escuchar el sonido de los ríos, el canto de los pájaros y observar el amanecer en la selva, hace que uno se olvide del mundo, de los problemas y de todo y todos.

Eso me pasó, en mi viaje al Río Santiago. Puede ser todo lo largo y cansado que parezca, pero la sensación de respirar nuevos aires, de percibir los aromas del campo, observar la belleza salvaje de nuestra amazónica región, hace que dentro de nuestro ser brote el orgullo por lo nuestro.

Viajar sobre los ríos, sentir en la cara los golpes del viento, el choque de gotas de agua, mirar el sol que quema las entrañas, levantar la mano de saludo a las chalupas que pasan, marcan huella en el alma de viajero.

Marca huella por siempre, cuando vemos a nuestros niños que caminan libremente por los bosques, se ríen, manifiestan su felicidad por ver rostros nuevos, que juegan a ser tarzanes o Jane o entender el mensaje de bikut el dios de los awajum-wampis o creer que tras una pelota son los Messi, los Pizarro o los Ronaldo.

Viajar por el Santiago, es bañarse en los ríos anchos de más de 500 metros y largos como la imaginación pueda. Es observar cómo se quitan kilo por kilo un zúngaro de más de un metro o decenas de boquichicos que hoy son criados en pozas preparadas para tal fin. Es quitarnos de la mente el mito, que no existe sal o se come la comida cruda. Es dormir pamba – pamba protegido por un mosquetero. Es beber la esencia misma de la selva, graficada en sus bellas mujeres que siempre paran riendo y cuando pasas por su lado comentan en su idioma y tú te ríes como si los entendieras.


 Viajar por el Santiago, es dejar de lado el pasado, el estrés y los demonios interiores. Es ingresar a un túnel del tiempo, donde las horas pasan y el tiempo te sobra. Es viajar al otro centro de la tierra, es retroceder a las entrañas de la selva, a la selva inhóspita, inquebrantable e incontrastablemente bella y misteriosa.



Es viajar con la garganta irritada porque gritas tus frustraciones, gritas a la selva para que te sienta presente, a los ríos que con sus poderosas aguas forman las venas de vida de nuestra montaña. Es gritar por nuestra libertad. Es gritar por uno mismo y por todos aquellos que se sienten esclavos de sí mismos. Es “olvidar nuestra triste realidad”. Es volverse por un tiempo, dueño de todo.
Estuve en el paraíso marcado por los contrastes, por las emociones y por los colores. Estuve de viaje al edén perdido. Ese mismo que lo tenemos tan cerca y no nos damos cuenta. Estar en el Santiago, es estar en medio de la vida, de la felicidad, aun que ésta sea efímera.

Cuando quieras, dejar todo de lado y quieras tirar a la borda lo andado, ¡Vete pal Santiago! De allí regresas con vida y para darle vida a la vida.

miércoles, 24 de febrero de 2010

REAÑO: EL CAPITARI DE GALILEA (PARTE II)


Es flaco, alto, narizón. Tiene los ojos verdes. El rostro arrugado por los 82 años que carga sobre el hombro. Tiene la mirada de niño viejo, de charapa inquebrantable. De capitari (tortuga) reproductor, de abuelo orgulloso por tener un nieto que toca como los dioses y canta en el grupo “Amaya”. Camina como si estaría saltando en ese fuego de tierra de Galilea que fácilmente llega a los 40 grados de temperatura. Tiene la piel roja, no solo de tanto ají deshidratado que come o de mucho maní frito que degusta en su casa y sus amigos. Es roja por su raza, una mezcla de un Reaño peruano con una Langer italiana, que por esas cosas del destino vive más de 50 años en Galilea, el puerto emblemático del Río Santiago. Es Victor Rosendo Reaño Langer, un amigo que en dos horas de haberlo conocido se me quedó en el corazón para siempre.

UN PERSONAJE FUERA DE SERIE

Juan Quezada, consultor de UNICEF, en toda la ruta fluvial hacia Galilea, me decía que hablar con “El flaco” Reaño es olvidar el tiempo y los problemas. Y vaya que es así. Concertada la cita, ingresamos a su casa en momentos que el cielo arde como si fuera infierno. Nos recibe con la pose de caballero. Saca su gorra, nos tiende la mano. ¡Bienvenido, doctor!, me entrega un trago hecho en su laboratorio artesanal, mezcla de clavo husca, toronja y miel de palo. Un tirón, adentro y cof,cof,cof. Un trago que arde pasa por tu lengua, garganta y el estómago pide chepa. No tenga miedo, la primera es así, la segunda no se siente y la tercera ni se despierta. Ja,ja,ja,ja,ja,ja.

Orgulloso con la visita, me muestra su galería fotográfica totalmente enmarcada. Tiene fotos históricas, fotos nunca imaginadas. Con Belaunde, con Lourdes Flores Nano, con una serie de curas, pero su preferido es con el Padre Manolo, un cura que murió hace tres años y tiene fama de extraordinario (espero contar su historia posteriormente). Otro trago y efectivamente el ardor es menor pero la mirada se enturbia. En su sala existe una hamaca, que dice que le sirve para dormir a panza tendida, ya que a sus ochenta y dos años ya hizo todo. Y todo es haber sido maestro en el Servicio Educativo Alto Marañón, ganando 16 mil soles al año en 1960. Todo es recordar que llegó embarcado en el Monitor BTM “ROCA FUERTE” en un largo viaje de ocho días y ocho noches. Todo es haberse divorciado de su primera esposa en Loreto y casarse con Alicia Dávila Vargas, indígena ella con la que tuvo diez hijos. Y todo es ser amigo sin interés de nada.

Contándome su historia, sale con una botella de plástico, la abre y hecha un polvo de color naranja en un plato al cual lo agrega maní pelado. A mí cuando me dan la mano yo me voy hasta el codo, así que con confianza pruébelo lo que le sirvo; pero me dice que con cuidado. Cojo un par de maníes y la meto a la boca. Ahhhhhhhhh, otro ardor que me quema las entrañas, un vaso de refresco de aguajina me calma el dolor. Es ají charapita deshidratada y maní frito me dice. Al poco rato no quedó nada de ají, menos de maní. Realmente, impresionante o espectacular y al mismo tiempo ingenioso. Nunca antes probé este tipo de ají, que es elaborado artesanalmente y dura todo el tiempo permitido por nuestros gustos. De recuerdo traje a casa para degustar con los amigos en el momento oportuno. Ah, me faltada indicar que también hace una mezcla química de ají, toronja, limón y sal, que una vez colada se convierte en ají líquido y se puede echar como complemento en la sopa o guisos. Es sin duda alguna, fuera de serie.
div>Víctor Rosendo, me cuenta que tres veces estuvo en Chachapoyas y que le gustó como nunca la ciudad y que extraña los panes de nuestra tierra. Esos panes que pude verlas increíblemente en vitrinas de Nieva. Me dice que sólo vino a Chachapoyas invitado por Belaunde Terry, el mejor presidente del Perú. Yo soy bien loretano y mejor peruano me dice. Me cuenta que cuando llegó a Galilea, era puro selva y que disfrutaba todo tipo de comida de monte. Hoy que es difícil de encontrar. Tan difícil es que no hay tucanes, ni loros, solo el río les da de comer mediante los boquichicos y el zúngaro (pez que mide más de un metro y pesa sobre los cincuenta kilos)

Ya entrada la noche, se acabó nuestra visita. Él poco triste, nos abraza, pide disculpas por las pocas atenciones. Antes de irnos nos pregunta si tenemos donde dormir ya que tenía siempre listo dos camas para sus amigos y que nosotros éramos parte de ellos. Nos tragamos la última copa, una copa marcada por la emoción de conocer a un hombre que cuando muera será leyenda, a un hombre sencillo y frágil; pero muy inteligente, caballero, amable, desinteresado que en las pocas horas que lo gocé, marca a uno la vida para siempre. ¡Sikuachat cumpa! (gracias, amigo)

martes, 23 de febrero de 2010

RIO SANTIAGO: LA TIERRA DE LOS SENTIMIENTOS ENCONTRADOS (PARTE I)




Me parece un sueño; pero es cierto. Después de doce años de haber recorrido más de treinta comunidades nativas como integrante de la Comisión Multisectorial del Desarrollo de la Frontera, he tenido el privilegio de regresar a Condorcanqui, la provincia más peruana de Amazonas. He vuelto, por las mismas rutas, por los mismos puentes, por los mismos meandros, los mismos ríos. He visto a los mismos amigos pero cada vez más viejos. He visto los mismos problemas; pero que éstos son más graves que antes.

El Río Santiago es un distrito que forma parte de Condorcanqui, cuya capital es el Puerto Galilea, el mismo que cuenta como un referente a La Poza, un anexo de la misma que crece a fuerza de coraje y empuje de los mestizos. Se ubica a la margen derecha del Río Santiago que nace en las cordilleras de Ecuador a una altura de 480 metros sobre el nivel del mar y ocupa una extensión territorial de 8,035.29 km2. En ella conviven sesenta comunidades nativas, siendo las más representativas: Belén, Yutupis, San Rafael, Galilea, Villa Gonzalo, Chapisa, Soledad, Candungos y Papayaku. Su población tiene prevalencia nativa, donde se destaca a los huambisas que forma parte con los awarunas los legados de la nación jíbara, una de las más pobladas de nuestra amazonia peruana.

En esta visita corta, he podido apreciar determinados problemas que se tiene que afrontar como amazonenses y de manera urgente:

LA ESCASA PRESENCIA DEL ESTADO.-
El distrito de Río Santiago cuenta con gobernadores, con Apus y alcaldes delegados; pero lo curioso y extraño es que no cuenta con juzgados, fiscalía, policías ni militares, excepto en los puestos definidos por el Comando. La poca presencia del Estado por medio de este tipo de autoridades representa una seria debilidad para poder poner orden, gobierno y dictaminar acciones correctas para fortalecer la imagen de un país moderno y unitario. Como ejemplo puedo decir, que ante esta debilidad se desarrolla un tráfico de divisas con productos ecuatorianos que inundan el mercado local del alto, bajo y medio Santiago.


CONTAMINACION DE QUEBRADAS Y RIOS.-
La totalidad de los desperdicios se van a los ríos, no existe proyectos integrales para trabajar agresivamente sobre temas relacionados a saneamiento, agua potable y alcantarillado. Los ríos además de recibir en sus aguas estos desperdicios, tienen restos de relaves mineros que clandestinamente son explotados por mineros informales. En sus aguas se encuentran restos de arsénico y mercurio. Además de ello existe una agresiva deforestación que rompe el equilibrio hombre naturaleza. En diálogo con la gente, indican que hace treinta años se podía apreciar lagartos, sachavacas, manatíes y delfines rosados en los ríos. Hoy si se quiere cazar, se tiene que adentrar en la selva dos o tres días para contar con carne de monte.


CONECTIVIDAD VIAL Y ACUATICA.-
Pese a los trabajos que se realizan, es insuficiente la labor del estado con proyectos de esta naturaleza. El 20% del territorio de Condorcanqui, se conecta vialmente por carreteras; pero estas están en pésimo estado. Sólo se cuenta con el asfaltado de la vía Bagua – Durán, el resto es calamitoso: Puentes en mal estado, trochas que se destrozan a causa de las lluvias. El estado tiene que sentar presencia más efectiva y real, donde se tiene que promover una urgente política sobre poblamiento de nuestras fronteras, las mismas que se encuentran en total abandono y diseñar vías carrozables que conectan la frontera expuesta a cualquier fenómeno político en el país vecino que todavía por medio de sus comerciantes aspiran recurar el Marañón

MEDIOS DE COMUNICACIÓN.-
A lo largo del Río Santiago y hasta la frontera con Ecuador, se escuchan radioemisoras de Ecuador y parte de Colombia. Sólo se aprecia la televisión mediante el sistema de cable de uno o dos canales de televisión las mismas que se pueden ver entre dos a cuatro horas porque no se cuenta con el servicio eléctrico de manera permanente. Una alternativa, que en la reunión del Acuerdo de Gobernabilidad sostuvimos el 2003, y que insistimos es que se tiene que instalar una repetidora de Radio Nacional del Perú en Nieva por ser de más altura y cubrir el espacio territorial con mensajes de nuestra patria.

Ya que estamos en tiempos preelectorales, espero que esta apreciación con ojos de observador, pueda formar parte de una agenda. Agenda que incluya no sólo rostros ni figuras políticas. Incluya ideas y propuestas que generen el cambio sustancial que aspiramos los amazonenses y en este caso particular, dejemos de mirar a nuestros awajum – huampis como sujetos de prendas, collares y coronas; más bien como personas que necesitan que los tendamos la mano y que lo tomemos atención permanentemente.


viernes, 12 de febrero de 2010

CHINAS MENTIROSAS, ZAMBAS TRAICIONERAS


Pese a que mi padre es fundador del Sachapuyos, club a quien guardo mucho respecto, soy socio e hincha del Higos Urco. Mi llegada al “H” y la “U”, se debe a una cortesía hecha por mi querido “manshana”, Lucho Mendoza por allá a mediados del 2000. En el club, como somos pocos, rápidamente nos hacemos de amigos, sesiones tras sesiones vamos armando grupos y algunos compromisos.

Cuando se podía utilizar la canchita múltiple con que cuenta el club en su local institucional, era habitual reunirse de nueve a once de la mañana y correr tras un balón de básquet. En esa época, el docto Neill jugaba o seguía intentado jugar su deporte favorito, Lucas, alto como él, era el pívot, Leoncio, con su fuerza era defensa, “Mono”, Julio Martínez, era como yo, rellenábamos el equipo. Casi siempre éramos los mismos, pero lo suficiente para perder unos cuantos gramos de grasa y matarlo en “El Portoncito” con unas cuantas chelas, las mismas que se prolongaban hasta entrada la noche.

Cinco semanas solo participé de la mesa como observador del juego de los dados. Cinco semanas que escuchaba una serie de palabras a causa de la emoción del juego: “Cuadras, chinas, escalera, callao”, o frases como “Hombre cobarde no entra a palacio”, “He visto muertos cargar basura”, “Zambas mentirosas, chinas traicioneras”.

Un sábado cualquiera, me atreví jugar “Cachito”. Éramos seis puntas: Leoncio, Lucas, Julio, Marino, Coco, Neill y yo. Leoncio, dice que juguemos por parejas, Lucas consciente el juego. El viejo Neill, no te preocupes Marino, ni con escogiditas nos ganan. Viejo a esta hora ya cierran el asilo, dice Julio a Neill. La primera carcajada en la mesa.

Primer tiro cinco chinas, luego escalera, cuatro sambas, cinco ases. Me toca el tiro. Veamos esa mano virgen, repetían todos en coro. Agarro el cubilete de cuero, cambio de mano. ¿Con que eres zurdo?, mi dice Coco. Sigo con el shocoleo. Salen los dados: Cuatro ases al tiro, luego de la segunda cargada ganamos la partida. Que lechero, y eso que no mira bien. Este se hizo el cojudo, etc., eran todas las frases del primer día del juego. Un juego que se repitieron por varias semanas más. Juego que nos permitía conocernos más interiormente. Juego de lanzar cinco dados, reírnos de los demás cuando perdían y se quitaban de la mesa con el grado de Comandante, Mayor y Capitán. Los invictos, nos quedábamos un poco más.

Han pasado varios años de aquellas mesadas de fin de semana. Otro sábado cualquiera pero en el Club Amazonas, Leoncio, Lucas, Hugo y yo nos sentamos en la mesa, para comenzar cuatro heladas y al polo, ruedan los dados. Jugábamos a muchas cosas. A recordar al viejo Neill que tuvo tantos golpes en su vida: Muere su esposa y sus dos hijos más queridos. Al “mono” Martínez, a quien tratábamos siempre de emborracharlo para cortarle sus únicos cinco pelos largos que quedaba y lo daba vuelta en su calva cabeza. Esos pelos son mi jale, no decía.

En homenaje a ellos dejamos en la mesa dos sillas vacías: Salud viejo, salud compadre “mono”. Lucas respiró hondo para no llorar, Leoncio como siempre sobrio, agachó la cabeza, yo, elevé un vaso, el último para aquellos amigos de una mesa cualquiera, de un sábado cualquiera, donde tomamos cinco dedos blancos con pequeños círculos negros, un cubilete y jugar el último cachito en honor a queridos amigos que ya no están.

jueves, 11 de febrero de 2010

A MITAD DE PRECIO: ¿ASI VALEMOS LOS PERUANOS?


Lamento de verdad lo que sucede en Cuzco, nuestra capital mundial referente al turismo. Lamento que millones de soles se pierdan diariamente por las lluvias que han causado daños irreparables a más de 100 mil personas, declarándolos como afectados y en emergencia. Saludo la campaña publicitaria de los funcionarios del Estado que viajaron y siguen viajando a la zona cargando de un shunto de periodistas para que tengan otros cinco minutos de fama y digamos que “se nota que están trabajando por los damnificados”. Lamento todo eso.

Pero lo que causa indignación es que en estos casos, siempre se tiene que maltratar al ciudadano peruano y valorándoles como ciudadanos de segunda. Digo esto por la campaña “Cusco a mitad de precio”. Una campaña que entre otras cosas nos dice: “Como los peruanos son misios, los cobramos la mitad de todo lo que vale para que vean casas destruidas, hoteles inundados y cusqueños que lloran su dolor. Cobramos la mitad ahora, para que después cuando se recupere la inversión, elevemos los precios y no regresan más.

Utilizar las emergencias con fines promocionales a precios de oferta, es como convocar mediante la mercadotecnia para que compren en subasta, en realización o en cambio de temporada o porque las cosas están con yaya; tal como lo usan los mercados plaza de nuestro país. Esto quiere decir que de 100 soles, hoy la capital arqueológica de América vale 50 y siguen ganando porque el turismo es una mina de todos los metales.

Los medios limeños, dicen textualmente “Siempre se ha dicho que es caro ir a Cusco pero ahora divirtiéndonos podemos ayudar a los hermanos cusqueños", mencionó Pérez, quien recalcó que la primera etapa de esta campaña será exclusivamente para turistas peruanos. ¿Se puede divertir uno en plena lluvia, en tremendo frio y caminar con el temor de otro aluvión, de otro deslizamiento, de pasar hambre donde no hay alimentos?

Lamentablemente, Cusco, cuenta con inversiones millonarias por parte de grandes consorcios internacionales, los cuales son protegidos por el Estado. Ese Estado, que más diligentemente puede promocionar otros destinos como Amazonas, donde pese a todo, es bella, monumental y la llamada a reemplazar en el futuro a Cusco y a otras “vedetes turísticas” del país.

Es una pena que entre peruanos, nos tengamos que seguir maltratando, peor con campañas con 50% de rebaja y en una temporada donde ni siquiera da ganas de salir de la cama.

lunes, 8 de febrero de 2010

EL CLAVO DE LA MUERTE


Contrito en mis cavilaciones y tomando nota de los puntos más resaltantes de la conferencia que acabo de escuchar, el lapicero de la mano hizo una raya profunda en el papel a causa de un golpe casual. Disculpe, me dijo. De…(un profundo suspiro) nada le conteste. Nos miramos brevemente, pero en esos rayos invisibles que emiten los ojos, volví a sentir esas cosas raras que dicen que hacen brotar los sentimientos nuevos. Ella con sus ojos café, los míos ya cansados por el tiempo, nos dijimos un hasta luego.

Durante el tiempo del congreso médico la vi pasar tres veces por mi lado. Su cuerpo juvenil, hasta casi de una niña diría, lucía su candor y belleza emergente. Su pelo ensortijado y su amplia y dulce sonrisa, era la atracción en el auditorio. Después supe que era de la logística del evento. Su esmero y fina atención con todos, la hacía merecedora de todos los halagos.

Al finalizar la tarde, me tocaba el turno de cerrar las conferencias y por los altoparlantes escuché la invitación para pasar al atril, previa lectura de mi experiencia profesional y de los aportes que venimos realizando con un grupo de colegas sobre el cáncer. Un sonoro aplauso me recibió esa tarde. A lo lejos vi como su delgada figura, dejó de caminar para volver su mirada a la mía y con una sonrisa angelical y fina coquetería me hizo tartamudear. Era la primera vez en mucho tiempo, que alguien me sacaba de mi marco de la sobriedad y el aplomo para decir las cosas. Cada comentario mío, buscaba la aprobación de esta niña mujer, que en todo el tiempo que duró mi exposición me miraba absorta a mis propuestas.

Me gustó su conferencia doctor. Gracias le dije. Me llamo Anabel, para servirle, doctor Gonzáles. Mucho gusto, Anabel, mucho gusto. Vinieron los abrazos y el asedio de la prensa, que en ese mar de gente, la bella Anabel, tal como vino se alejó. Aquella noche, la soñé entrelazada a mis brazos y mis caricias. Sueños dulces y placenteros que me hacían despertar y prender uno que otro cigarrillo. Angustia, temblor en el cuerpo, cosquillas en el alma, todos los síntomas del amor. Ese amor prohibido a un hombre de mi edad. Ella de veinte y en plena ebullición a la vida, yo con mis cuarenta y pico, que busca redescubrir un sentimiento aletargado por la rutina y el tiempo.

En la ciudad, me invitaron a trabajar con un equipo médico para desarrollar un proyecto oncológico en el hospital, que se sentía obligado a reestructurar sus servicios ante la demanda de la población. Ese estudio tendría que desarrollarse máximo en tres meses. Mis proyectos y compromisos no me permitían quedarme más tiempo. Invite a mi esposa a compartir un breve tiempo a esta pequeña ciudad de tejas marrones, que hace tiempo dejaron de ser rojas por la lluvia y el sol. De paredes blancas y amplios jardines. De gente apacible, que se agita cuando hay algún escándalo, que se adormece casi siempre en la placidez que les da la vida.

Dos veces me encontré con Anabel, se que sentía lo mismo que yo por ella: AMOR. Una noche, lejos de las miradas nos encontramos a escondidas, para decirnos pocas palabras y compartir tantos besos. Besos que hasta hoy me duelen los labios. Besos nuevos y eternos. Besos de otra piel. Esa piel lozana y fuerte, ante la mía, cansada y marchita. Deseos infernales versus satisfacción. Locura, frenesí, pasión versus desenfreno y sin temor al que dirán.
Era una relación prohibida, peor en un pueblo pequeño y más aún entre un respetado científico y una niña que está aprendiendo hacer mujer. Nuestros cómplices eran las miradas y las sonrisas a la distancia. Un gesto del cuerpo, de las manos o la boca era suficiente para entendernos y castigarnos en silencio por nuestro amor incomprendido.

Me enteré que estuvo en cama afiebrada. Sus causas, para el común de la gente, un proceso gripal, de esos que hasta hacen delirar. Una semana después, en el hospital fui testigo de un alboroto extraño. La ambulancia que llegaba raudamente y dos vehículos lleno de personas llorando. En la camilla, Anabel, pálida como la cera ingresa a emergencia. Presto fuí al auxilio de la amada.

Luego de las atenciones clínicas y en la sala de reposo, como si Anabel quería verme antes de morir, abrió sus ojos color café, me tomó de la mano, me dijo que me amaba y que los pocos días de amor que compartió conmigo, eran suficientes para entender que lo conoció todo. Me dijo, que lo perdonara por dejarme. Rodando por sus blancas mejillas, unas gruesas y brillantes lágrimas, dejó de existir. No pude controlar mis sentimientos, antes que un grito, lance un gemido eterno. Mi corazón marcado por la pena, latía descontroladamente. Salí sin rumbo.
Al anochecer de regreso al hospital, pedí al médico de guardia el parte médico sobre las razones de su muerte: “Septicemia por Estafilococos aéreos”. La causa, un clavo oxidado se había introducido en la planta de su pie derecho. Con impotencia y desazón, recordé que esa noche que nos besamos a escondidas, un ay escuché en su labios. Ese ay de la muerte. Ese ay que me duele desde ahora a la eternidad