miércoles, 5 de diciembre de 2012

EL ANGEL DEL AMOR: EMILIA BARCIA BONIFATTI


Un ocho de mayo de 1,986 al rayar el alba, ante la mirada marcada por las lágrimas, dejo de existir una MAESTRA con mayúsculas. Una MASTRA de veinticuatro por veinticuatro horas. Una MAESTRA por vocación, que con el paso de los años se convirtió en un ángel de miles de niñas y niños que por obra y gracia de Emilia y su hermana Victoria, desde 1921 serían tomados en cuenta para que reciban educación en nuestro país. Aquí una crónica de su vida.

Emilia Barcia Bonifatti, nació en Iquitos el 19 de marzo del 1900, fruto del amor de sus padres el empresario cauchero, José Barcia Boente, natural de España y de Doña Elena Bonifatti (Argentina – Italiana). Recibió instrucción en Europa, regresando ella a su natal Iquitos para desarrollarse profesionalmente al lado de su padre. En ese trance, la nave que compró Don José, para el traslado del caucho, naufraga y es declarado en quiebra. Él parte a su país, abandonando a su esposa e hijas y ella con su hermana Victoria, más la ayuda de Lucha Rothmund, un 13 de Abril de 1921, crean la primera escuela inicial en esta parte del país, cuyos padres pagaban la cantidad  de tres soles mensuales.
Con sus alumnos impartiendo experiencias y aprendizajes vivenciales

Como era una experiencia innovadora en el país, muy pocos lograron matricularse, alcanzando curiosamente a estudiar inicialmente 13 alumnos. Victoria, su hermana, se encargaba de la matrícula, Emilia, los movimientos rítmicos y Lucha el fondo musical al acorde de un piano italiano. En la calle Brasil y en la casa de Luis Felipe Morey, nace así la primera escuela inicial en el Perú, con alumnos entre 2 y 7 años de edad. Su nombre: “Kindergarten Moderno”

DE LIMA Y AL PERU
El General Monteza Tafur, esposo de Lucha Rothmund, llega acompañado de personalidades del gobierno central a la escuelita, pasado un tiempo, es llamado a Lima para que oficialmente trabaje en Lima y creen escuelas en la capital de la República. Era el 25 de Marzo de 1931, donde hace la I.E.Inicial Nº 1 en el Cercado de Lima, hoy Parque de la Exposición. En esas circunstancias, existe golpe de estado y asume Sánchez Cerro la presidencia del país y al no contar con presupuesto, adquiere seis esteras y con ella inicia sus labores de maestra. 

Es llamada a Palacio, explica sus demandas y lo hace la entrega de las llaves de una casona muy elegante; luego de visitar la casona, regresa a palacio y devuelve la llave al jefe de gobierno, indicándole que ella vino a educar y no a destruir. La casa obsequiada, pertenecía a la familia de Leguía, el que fuera derrocado por Sánchez Cerro. “Con veinte mujeres como usted, transformo el Perú”, le dijo y desde allí se trabo una fuerte amistad que lo permitió crear diferentes escuelas iniciales en el país. Llegando inclusive a Chachapoyas  a fundar lo que sería hoy la I.EI. Nº 01.
Foto Histórica, niños recorriendo las calles de Chachapoyas, al fundarse el jardín 01.


En el proceso de su vida profesional y en su condición de Inspectora General de los Jardines de Infancia, creo 333 a nivel nacional, teniendo como aliada a mujeres tesoneras que han hecho de la educación una forma de vida y de proyección a la comunidad. Posteriormente funda el Instituto Superior de Educación Superior Inicial, cuyo nombre real era Instituto Urbano Experimental Nacional de Educación, donde se  formarían brillantes generaciones de docentes al servicio de la infancia.

TODO POR AMOR NADA POR LA FUERZA
Esto era lema de Emilia, el amor. Mediante esta forma alcanzaba nivel extraordinario de aprendizajes y de desenvolvimiento de los niños, que antes que ella no era tomada en cuenta por el Estado, llegando a demostrar que la edad no tiene ni inicios ni límites para aprender. La mayor parte del aprestamiento de los niños era experimental y vivencial. Para hablar sobre el mar, se tenía que visitar, para hablar sobre las autoridades, visitaban a las mismas. Diseñó ambientes especiales para los juegos, porque en esa edad el juego es un medio ideal para el aprendizaje. Buscaba la libertad expresa en cada niño o niña a quienes no mutilaba sus deseos de expresarse.
Al centro, Gustavo Cornejo, hijo del hombre que amó pese a su muerte antes de ser esposo de Emilia
 Estuve en la casa de Emilia, ubicada en Miraflores y me cuentan sus amigas cercanas que ella estuvo muy enamorada y se iba a casar. Su novio era Gustavo Cornejo Portugal, aviador y marino, quien murió regresando de viaje de Leticia, frontera con Colombia. Antes de ese viaje, Gustavo, le dice la verdad sobre un hijo suyo en otra persona, negándose inicialmente a casarse con él, pero luego de las explicaciones acepta el compromiso “ya que no quería dejar a un niño sin padre, ni menos destruir una familia. Diez días después de la muerte trágica del aviador, una señora con un niño se acercan a la matricula en la escuela, le pregunta su nombre, se llama Gustavo Cornejo, le dijo la  señora. Emilia, los miró a los dos y sin decir palabra alguna prosiguió con la matricula. Dos días vino el niño a la escuela, ante la ausencia del menor los días siguientes, va a la casa y lo encuentra delirando de fiebre, con el permiso de la madre, lo lleva al hospital, se recupera y su madre biológica no regresa a recogerla y la adopta como  hijo. Un hijo no de sus entrañas, pero un hijo de un hombre que amo para siempre y veía en Gustavo junior, la prolongación y existencia de un ser amado.

A TODOS NOS LLEGA EL FIN DE NUESTRAS VIDAS

Emilia Barcia, era incansable en su trabajo, mujer corajuda y sin medias tintas. No existían puertas que se cerraban para ella. “no importa cómo, pero lograba sus objetivos”, nos dice Lili Caballero de Cueto (esposa de Carlos Cueto Fernandini,) íntima amiga de Emilia. Era una mujer digna de admiración. Su vida estaba atenta a los niños a quienes lo trataba con dulzura. Era una mujer de temple y de gran nivel cultural que se acomodaba a cualquiera de las circunstancias. Bien podría hablar con Indira Gandhi, con Gabriela Mistral, con un campesino, con una mujer de bajos recursos. Era dulce con los niños, severa con la injusticia y revolucionaria por sus ideas. Ideas que hicieron cambiar la mentalidad de los gobernantes que hasta antes de 1931, no le daban importancia a la educación inicial. Ella revoluciono la educación del Perú.
Con Indira Ghandi
Lili Caballero, afirma, que 20 días antes de la muerte de Emilia, viajó a Canadá y a su regreso llegando a su casa, recibe el mensaje de la casa de los Barcia para que vaya, ante tanta insistencia pese al cansancio del viaje acudió al llamado, Emilia le toma la mano y le dice “Te estábamos esperando”, cerrando los ojos, entregó su alma al creador. Al enterarse de su fallecimiento, miles de personas vinieron al velorio, desde edecánes del presidente, ministros de estado, diputados y senadores porque había fallecido la dama y madre de la educación inicial del Perú.

Han transcurrido 26 años de su muerte y de Emilia Barcia Boniffatti muy poco se habla, solo cuenta con instituciones educativas que llevan su nombre, pero ninguna de ellas ni saben porque lo llevan. Pocos en el país, saben del profundo orgullo que debemos tener por una persona como Emilia, que pese su condición social, pensó en los hijos de los demás, sea cual sea su condición económica. Diseñó una estrategia para educar al niño que sería hombre al servicio de su patria después. Hizo de su labor docente, un apostolado y debe ser ese paradigma donde las maestras o maestros de este nivel edifiquen sobre esta imagen, su trabajo docente.
El Director de la UGEL 7 (San Borja - Lima) Lic.. Jorge Sandoval y Susana la 
secretaria privada de Emilia
El magisterio peruano, tiene una serie de “dioses” por sus cualidades como lideres reivindicadores de causas justas, de nuevos contextos pedagógicos, pero pocos o casi nada de personalidades como Emilia, quien debería ser contemplado en su momento para que su nombre sea motivo de una medalla honorífica a todos los maestros y maestras que diseñen proyectos educativos en base a sus enseñanzas e innovadas por supuesto o quizá un orden que distinga a aquellos educadores que hacen de su trabajo motivo de admiración y orgullo para el resto.
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