miércoles, 2 de junio de 2010

CINCO DE JUNIO: NI OLVIDO, NI PERDON

Cuando sucedieron los hechos de Bagua, con un grupo de compañeros de un diplomado, estuvimos en trabajo de campo en San Cristóbal de Olto – Luya. Rápidamente escuchábamos en la radio sobre los sucesos. Reina de la Selva, RPP, CPN cubrían la noticia con toda la vehemencia de un hecho realmente fuera de contexto. Recibíamos llamadas de amigos donde nos manifestaban que Chachapoyas se puso de pie, que tomaron la región. Que las autoridades estaban indignadas. Ese día por la madrugada en Bagua se produjo el enfrentamiento entre policías y nativos, cuyo saldo hasta ahora es impredecible, pese a las cifras “oficiales” que se manejan. Ese día, representó para mí como para otras personas, el punto de quiebre de una relación afiebrada entre Amazonas y el Perú o mejor dicho entre el centralismo limeño y los excluidos del país. Ese día, además de la indignación, todos derramamos más que una lágrima de rabia, de rencor, de impotencia, de frustración por estos hechos. Hechos que nunca deben ser ni olvidados ni perdonados.


Con el paso de los días los correos electrónicos se llenaban de crónicas sobre los hechos, de fotos desgarradoras, de noticias más allá de la noticia. De testimonios crueles y contados por policías y nativos. Vimos en las noticias a una ministra con el rostro de la hipocresía saludar y abrazar a los “héroes” en el hospital de la Policía Nacional y después ser condecorada con la medalla de oro del cuerpo policial y afirmaba que ella nunca dijo ni ordenó nada. Un primer ministro como Simons (hoy remedo de político) que justificaba lo injustificable y a un presidente calificarnos como ciudadanos de tercera. Esas acciones, esas frases, esas poses, tampoco pueden ser ni olvidadas ni perdonados. Tampoco pueden quedar en el pasado, las movidas y silencios cómplices de nuestros políticos regionales que no sacaron la cara por Amazonas. Peor todavía la “Curva del Diablo”, donde hasta hoy siguen vagando las almas inclementes de los fallecidos.

Tan rápido han pasado los días, que pronto recordaremos este fatídico día. Un día que debería ser de reflexión, hoy es sujeto de tiras y aflojes por grupos e intereses que buscan ufanarse de líderes pro indigenistas, pro desarrollo, pro futuro, pro propaganda.

Recuerdo que mediante este blog, propuse celebrar como el DIA DE LA DIGNIDAD AMAZONENSE (http://melcalez.blogspot.com/2009/06/levantemos-una-bandera-por-la-paz-y-la.html) )al celebrar un mes de este suceso doloroso y también impulsamos elevar una bandera de la paz; pero eso es lirismo. Hoy como están las cosas, tenemos que convencernos que de los problemas tenemos que aprovechar para avanzar.

Y avanzar, es en la coyuntura y los sucesos para proponer, exigir al gobierno central, a la comunidad internacional el financiamiento de proyectos que permitan cambiar el rostro humano de los habitantes nativos de Condorcanqui y Bagua, que ven como día a día trafican con sus mendicidades, violan su territorio mediante el contrabando, salen los recursos naturales sin control ni presencia del estado. Ven día a día, como cada pedazo de tierra verde cambia de color a causa de la deforestación y como el ruido de sus aves y los rastros de sus animales son historia porque no queda nada de ella. O ven como sus zonas de protección como Santiago-Comayna, es violado por mineros de Ecuador y los relaves matan nuestros ríos como el Cenepa y Santiago y por ende el Marañón.

Hay mucho que hacer; pero ¿Cuándo nos pondremos hacerlo? ¿Cuándo se acabe la botella de aceite? ¿Cuándo San Juan baje el dedo? ¿Cuándo se cambien autoridades? ¿Cuando el cambio climático seque la tierra? ¿Cuándo, cuándo?

Ese día regresé por la tarde. Un mar de gente en la plaza de armas, un ataúd vacío con una bandera peruana, cientos de velas encendidas. Nadie decía nada. En el frontis de la municipalidad se leía un letrero: “NO NOS MATEN SOMOS HUMANOS COMO USTEDES”. Fui a una bodega compré tres velas, las puse como muchos, vi que arde como todas y como todas también su cera se convertía en lágrimas. Lágrimas que nunca más deben derramarse por hechos como del pasado cinco de junio, pero tampoco que se olvide ni se perdone, a nadie.
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