lunes, 27 de junio de 2022

MACRO: MÁS ALLÁ DE LA EXPERIENCIA

Al canto del gallo y con los primeros rayos del sol de un junio extraño que no quiere dejar pasar las lluvias y el frío, agarramos la mochila con destino a La Magdalena. Después de casi tres años de encierro, el cuerpo quiere recuperar energía y la mente un motivo para seguir creando historias y compartir experiencias. Hace como siete años que no voy a la tierra de las “malachas y malachos” y quise cobrarme una revancha: conocer MACRO. Y vaya que es algo extraordinario.

CORDÓN UMBILICAL

Así como una madre tiende un puente, llamado cordón umbilical para que el hijo crezca en su vientre y nazca a la vida, lo mismo deben tener los pueblos para que se comuniquen, intercambien y vivan. Hoy por hoy, se viene construyendo una amplia carretera (asfaltada, que forma parte de una red vial) que fortalecerá la unión entre Chachapoyas, Levanto, San Isidro del Maino y Magdalena. Por esa ruta salimos, por esa ruta, una hora y media después, llegamos al destino previsto. Del frío intenso de Chachapoyas al calor y frescura de Magdalena, desde ya, es un cambio personal.



MÁS QUE CAMINOS

Después de un opíparo desayuno, invitado por el dinámico alcalde, Luis Tenorio, partimos a Macro, unas ruinas que llaman la atención de todo viajero cuando viaja por el Utcubamba y ve en las montañas piedras colosales, cual Atalayas, que nos miran desde tiempos milenarios.



Frente a mí, se abren graderías de piedras laja, miles de pasos abrán recorrido este espacio. Camino admirado por la limpieza del camino, los paraderos colocados para un descanso previo y depósitos para basura bien organizado. El camino inicial se complementa con arcos naturales que han dado forma las añejas plantas de Tara, adornados de Nopal o si lo quiere, llámelo, tuna, penca o palera, que reta al tiempo y al viento con caprichosas formas que motivan la curiosidad del visitante o miles de wicundos y silvestres orquídeas de color o alguna que otra flor lila, amarilla, roja o fucsia que te saludan al paso.



Bajas y subes pequeñas pendientes, unas te llevan cerca del río y escuchas su melodía cuando rompen sus olas y se chocan con las piedras en las orillas; otras, te suben para chocar con las neblinas de las mañanas y respiras aires nuevos, aires de tiempo, aires de sosiego para que después de media hora, estés frente a frente a muros de poca altura que dieron vida a MACRO, restos arqueológicos de los Chachapoya, probablemente construidas entre los años 1,100 y 1,300 D.C

MACRO

Debe ocupar las construcciones de Macro, un promedio de tres hectáreas, son casas de base circular con motivos romboides, mismo que son típicos en las manifestaciones artísticas de los Chachapoyas, tanto en arquitectura, cerámica, textiles y escultura. Las casas y torreones de Macro son edificios en buenas condiciones que hasta la fecha no han sufrido ni necesitado ningún tipo de restauración. Son piedras gruesas, pesadas y muy bien talladas. A vista de un observador primario como yo, parece que esas paredes de media luna que vemos del frente, fueron como base para construcciones de vivienda, que ya no se notan, pero sí se aprecia cuando uno camina sobre sus cimientos. Deben tener entre tres o cuatro metros quizá. Es simple pero muy bello, más cuando el entorno está lleno de colorido y al fondo se aprecia la pista que une a los pueblos de esta zona con Chachapoyas la capital de Amazonas y se puede disfrutar de la belleza que irradia el río Utcubamba, cuyo nombre se da en base a la existencia de gran cantidad de algodón que se producía en la zona en el Siglo XVI. Son construcciones que miran al horizonte donde en lo más alto se las montañas vecinas, se erige monumental como siempre la fortaleza de KUELAP.



Tan solo media hora ocupa de tiempo llegar a la zona desde la plaza de Magdalena. Media hora de paso lento. El camino está totalmente conservado. Es amplio y limpio. Se nota que hay un trabajo fuerte en la localidad para evitar que los turistas arrojen basura en el camino. Es quizá el lugar más adecuado para cualquier tipo de persona que tiene la pasión por la aventura de conocer cosas nuevas y atractivas.



De regreso, uno puede entrar en las chacras que están en las riberas del río, disfrutar de sus aguas que, dependiendo de la estación, tiene color a chocolate y en verano, totalmente esmeralda y cristalina, donde uno puede ver como viajan truchas o pegados en las piedras a las tan apetecidas “cashcas”. Puede disfrutar de caña, de guayabas, incluso de grandes paltas que hasta pueden llegar a pesar un kilo cada uno, puede cansarse de tomar tantas fotos le plazca ante la armonía plástica del lugar que desde el primer paso  se da. Uno camina rodeado de peñascos, de flores, orquídeas, pencas y nopal (con sus caprichosas formas) y arcos naturales que hinchan el pecho de emoción y orgullo por lo nuestro.





Es cerca del mediodía, llego a la plaza, me encuentro con Luis Tenorio, alcalde del lugar, me recibe con una jarra de guarapo. Lo tomo lento, muy lento. Mi cuerpo recibe la energía de los curacas del pasado. Revivo momentos ancestrales, recupero la fuerza, volteo para ver los caminos dejados y contemplar a lo lejos, un legado más que contamos en nuestra tierra, de una raza noble, gallarda, combativa que vive y vivirá siempre en el recuerdo de sus hijos del presente y futuro.

lunes, 2 de mayo de 2022

Kuelap: entre piedras y puntales.


Con pequeña garúa, el sábado a las seis de la mañana, tal como quedamos con Francisco Merino, salimos con rumbo a Kuelap. El 10 de abril, alrededor de las cinco de la tarde, la caída de parte de los muros, ya era noticia mundial. Después de mucho tiempo, el nombre de Luya, Tingo, Kuelap y Amazonas, tomaba interés de la prensa. Llegaron ministros, comisiones de expertos a tomarse fotos y acciones para paliar esta tragedia.

Luego de tanquear el vehículo, una cuatro por dos que parece de ocho por ocho, raudamente llegamos a Cáclic. De allí, respirando los aires y el disfrute de las brisas del Utcubamba, tal como lo hacen los sauces, los wicundos, las tayas, las truchas y las cashcas cruzamos Tingo para hacer una primera parada en Nogalcucho, donde un café aromático, cancha salada y mote blanco, nos regresaba a la vida. Doña Demetria Alcántara, ya tenía la promesa a nuestro retorno, darnos una talega de pan de trigo.

A Kuelap

De Nogalcucho, subimos a la montaña donde se erige monumental y herida la ciudad fortificada, legado de los Chachapoya y Luya Chillaos. En la ruta, dejamos un pueblito pintoresco pequeño, donde destaca su pequeña placita, sus instituciones educativas, y sus sembríos. Unas peñas gigantescas donde resaltan estratos de la tierra, nos impactan a lo lejos. Mientras el carro sube a las alturas, el frío pega nuestra piel, nuestros ojos se deleitan con otro paisaje lleno de cortaderas, praderas con ganado vacuno y uno que otro quishque que ladra nuestro paso. En tan corto tiempo, llegamos al último tramo de acceso por carretera. De allí, es una odisea. A la fortaleza, no hay más allá de diez minutos de distancia a pie. Ese día, las zapatillas o los zapatos, no servían de nada. Llet, llet, nuestros pasos se hundían en el fango. Solo había huellas de caballos y mulas. En menos de cincuenta metros, ya tuvimos unas caídas. Agarrándonos de los alambres de los cercos y violando la propiedad privada entrando a las chacras de maíz y papas, tuvimos que llegar al camino de piedra. ¡Uf!, pese a la odisea, muy cerca y delante de nuestros ojos, se podía apreciar parte de la ciudadela emblemática. Cien pasos más adelante, éramos, tanto Francisco como yo, dos enanos ante esta gigantesca construcción pétrea.






El impacto

Rápidamente quise hacer contacto visual con la zona de la muralla colapsada. Un paneo a primera instancia no se aprecia. Sí, destaca a primera vista una gigantografía de un antes y un después totalmente desteñido y una ruma de piedras de todo tamaño frente a la portada principal. A la derecha, la colosal pared que nos lleva a la segunda entrada. Caminé raudamente hacia la entrada por la ruta del parador turístico donde se encuentra la estación del Teleférico y allí es donde el corazón se acelera produciendo taquicardia, el cuerpo tiembla y los ojos se humedecen. Es impactante, grotesco, aterrador apreciar miles de piedras tiradas en el suelo y agudizar la mirada miope para ver tubos de PVC que destacan entre los derrumbes y muchas piedras que están a punto de rodar y acompañar a sus pares que se encuentran dispersas en un área de 400 mts.

Uno trata de respirar lento y recuperar la calma. Además de tomar fotos y grabar vídeos, se comienza a vomitar miles de preguntas que no encuentras respuestas. ¿Qué pasó? ¿Quién o quiénes son los culpables? ¿Los que invirtieron en estudios y excavaciones? ¿los que cortaron la tupida vegetación que estaba mullida hasta los años 80? ¿Acaso el gobierno, los operadores turísticos o nosotros como pueblo? Hay tanto que explicar y tanto por demandar. Hay tanto por decir y muchos todavía prefieren callar.





 Una visita por dentro.

Los representantes del Ministerio de Cultura (Arq. Willy Chiguala), coordinador de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Amazonas, funcionarios de Defensa Civil, efectivos de la Policía y luego representantes del FREDICH y equipo técnico multidisciplinario de la Sociedad Civil, se sumaron a una visita guiada para refrescarnos lo que es por dentro esta ciudadela y al mismo tiempo, saber que son más de 22 puntos críticos que se tiene que atender.




Entramos a la fortaleza por la segunda puerta, nuestros pasos recorren piedras, nuestros ojos se deleitan por la mágica belleza. Vamos al Torreón donde nos informan que está en peligro de caer si es que no se interviene a tiempo. Se camina sobre senderos artificiales hechas de cuadrantes de madera que señala una ruta. Solo podemos mirar a lo lejos las construcciones pétreas, la maleza, los árboles sobrevivientes de la poda de los ochenta, restos de casas circulares que son atacados poco a poco por la maleza. En el Pueblo Alto, nos llama la atención viejos puntales que se pegan a las piedras de los muros. Nos dicen, que sin esas maderas que sirven de sostén, hace tiempo, esta zona, sería historia.




Cruzamos cerca a la puerta principal, solo se aprecia rumas de piedras tapadas con plástico transparente. Debe haber miles y me recuerda que eso estuvo en ejecución por una empresa que tuvieron que suspender contrato por no contar con avances significativos. En esos contratos y estudios de expertos contratados por el PLAN COPESCO, cada piedra caída o arrumbada vale oro. La falta de experiencia y una intervención centralizada en el campo arqueológico y no multidisciplinaria cobra factura y los resultados son más que evidentes.





Vamos por “El tintero”. Quizá es unas de las poquísimas estructuras que se mantienen bien. Ésta estructura fue reconstruida en los años 2006 al 2011, años en que se tuvo al Proyecto Especial, financiado por el Gobierno Regional de Amazonas. Vemos la fusión de las culturas; por un lado, las casas circulares propias de los chachas y rectangulares que eran una característica de los incas. Este espacio, quizá más moderno de todos, muestra los rezagos de la conquista inca.




Nos toca la salida. Es incómoda, se nota la fragilidad de la zona. Hay que bajar con mucho cuidado y lo peor nos espera. Afuera, caminamos muy cerca de la pared Oeste, se nota la majestuosidad de su altura pero al mismo tiempo, decenas de puntales de fierro son el obstáculo para que no se caiga. Un acompañante nos indica que hay una gran fisura que con seguridad será el inicio de un futuro colapso. Camino con el corazón en la mano y mirando arriba para ver si se cae algo. Este tramo de cinco minutos, quizá sean los más incómodos para todos. Es una suerte que se mantenga de pie. Es un milagro que no se registre hasta ahora ningún accidente. Respiro con alivio cuando me alejo, volteo a verla, es inconmensurable. Es difícil de definir en pocas las palabras la sensación cuando volvemos a ver la ruma de piedras tiradas por los suelos.





Quizá una hora estuvimos dentro. Me imaginé en sus tiempos de esplendor y  gloria. Me imagino los pasos de varones y mujeres recorriendo esta belleza. Recreo, una fogata, una olla de frejoles humeando en cualquiera de las cien casas, entrando a los varones cargando maíz y un buen sorbo de chicha que deleita los paladares de sus habitantes. Me deleito pensando en su gloria, al mismo tiempo, se para la respiración al pensar en su ocaso y abandono, pero eso es recuerdo. Hoy, duele sus heridas, duele su agonía. Duele, profundamente.

Actas y acuerdos.

Más tarde, entre opiniones técnicas y posturas institucionales y civiles, a pedido del Frente de Defensa de los Intereses de Chachapoyas (FREDICH) que representa Lindley Vargas y sus directivos con el apoyo de un equipo multidisciplinario, encabezado por el Arq. Napoleón Vargas Zubiate y representantes del MINCUL, en un acta rubricada por todos, concluyen:

  • Cierre temporal de Kuelap por seis meses.
  • Para el 2 de mayo se tendrán los informes institucionales tanto de la Dirección Descentralizada de Cultura de Amazonas, Defensa Civil, Municipalidad de Chachapoyas y del FREDICH que cuenta con el Comité de Vigilancia del Patrimonio Cultural Material, material y medio ambiental.
  • Definir con el Gobierno Regional la puesta en valor de zonas aledañas con presupuesto de este organismo regional.
  • 5 de mayo, a las 8.00 P.M se desarrollará una sesión de trabajo en la sede de la DDC- Amazonas.
  • Invitarán al Colegio de Ingenieros y Defensoría del Pueblo para que se unan a estas reuniones de coordinación.





Tarde, al cerrar a lo lejos sus ojos el sol y la lluvia tenue fina, muy fina baña nuestras humanidades, iniciamos el retorno. Un bastón de tres soles nos acompaña para evitar las caídas y rodar en el lodo. Abajo donde esperan los carros, una naranja, un sorbo de agua, nos regresa a la calma. Algo se hizo, se puso una piedra de muchas que permitirá ver a Kuelap (no se sabe en qué tiempo), hermosa, majestuosa como siempre.  Me queda en la memoria como eco, una frase de Ángel Vergara que nos decía que “en Kuelap ni siquiera el 15% del territorio fue valorado y se puso rápidamente al servicio del turismo”. Quizá eso sea el resultado de ver caída, desnuda a esta ciudadela que, pese a todo, tiene su magia y será eternamente nuestro orgullo.



De nuevo en la ruta,  de regreso a casa y contemplando el río Utcubamba, entre bocados de pan caliente y sorbos de agua, Francisco y yo, compartíamos ideas y nos hicimos compromisos personales de ser honestos y objetivos en este tema. Casi al unisono nos decimos que KUELAP SE DEBE CERRAR. Así como está es una vergüenza mostrarlo al mundo y que se debe impulsar otras alternativas como el ecoturismo, el vivencial y otros. Al parecer, decíamos que nos han mandado "enemigos de Amazonas" para hacer estos trabajos y provocar su destrucción adrede.  

Ya en el barrio, un abrazo de colegas y las gracias mutuas por compartir esta experiencia nos aleja temporalmente para volvernos a unir en otra aventura y de paso regresar a nuestros primeros pasos de periodistas.



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jueves, 17 de marzo de 2022

Los aguarunas y Chachapoyas


La historia de Chachapoyas, todavía tiene muchas páginas escondidas y que el tiempo, la dedicación, permitirá descubrirlo y ponerlo a juicio del público. En mi libro “HASTA EL TUÉTANO”, hago referencia de la creación de la SOCIEDAD DE PATRIOTAS DE AMAZONAS, integrado por personalidades de la época. Se abocaron a desarrollar expediciones para conquistar a los aguarunas y jíbaros que fueron muy reacios incluso con Tupac Yupanqui y con los conquistadores españoles.

Antes de ellos, hubo expediciones que no pasaron de tanteos, tales como:

·       1836. Primer proyecto de José Braulio Camporredondo, que no llega a concretarse.

·       1843. Expedición de Don Sebastián Fernández que no pasa de los preparativos.

·       1852. Expedición bajo el mando de Mariano Aguilar por Yambrasbamba, que resulta un fracaso.

La Sociedad de patriotas de Amazonas

 

El 12 de diciembre, el Obispo Pedro Ruiz inicia y preside la constitución de la Sociedad de "Patriotas de Chachapoyas", reconocida oficialmente por Decreto Supremo del 27 de octubre de 1859 firmado por el Mariscal Castilla (27-X-59). Acto continuo y personalmente, el mismo Obispo da comienzo a la expedición cuya crónica nos ha conservado Raymondi.

 

Antes del propio reconocimiento, el 27 de mayo, sale la expedición camino de Yambrasbamba, a donde llegará en dos días. Van 16 expedicionarios bajo el mando del Obispo. Recogidos en Yambrasbamba, trocheros y guías parten siguiendo el curso del Alto Chiriaco y en un punto indeterminado, seguramente cerca de Canga, abandonan el curso del río y siguen dirección N.E. hasta llegar al que los aguarunas llaman Numpatkaim y ellos rebautizan con el nombre de río Cristalino. El río debe estar crecido pues les permite continuar el viaje en balsa, aunque muy lentamente. Por fin, llegan al Nieva a la altura de la boca de Cachiaco.

 

El estado de los expedicionarios es lastimoso. La memoria de los viejos de Nieva ha reservado el nombre de "Obispo Tepemo” auna piedra en que, cuentan, el Obispo se tendió agotado. Las fatigas de la trocha y la falta de alimentos casi los acaba. Los mismos viejos “contaban que lloraban de compasión.

 

La bondad y el sincero respeto y cariño de Monseñor Ruiz se gana a los aguarunas que le dan toda clase de ayuda. El mismo obispo bautiza a unas sesenta criaturas. Los nombres de sus padres quedan anotados y la lista que los contiene nos proporciona el primer censo conocido de dos enteras comunidades aguarunas en los que podemos reconocer —pese a los errores de transcripción” los nombres de muchos viejos de cabeceras del Nieva fueron:

 

Utush , Uyungara, Santiago, Akachum, Mariano, Ukuncham, kukam, Ayamto, Ambúsh, Atamain, Unkuch, Kuja, Toyup, Nantip, Nayap, Shimpu, Cuimián, Ankoash, Santa, Antich, Kuunt, Chuwintan, Tantá, Daichap, Wishum. Wiracocha. Antun, Sushuí.

 

.. y otros son repetidos o irreconocibles. Entre las mujeres, distinguimos a unas Mamáis y una Tsatsupín.

 

Continuando con la expedición, tras cuatro días de bajada por el Nieva, llegan al Marañón. El 13 de octubre están en la boca del de Manseriche y allí la expedición se divide. El Sr. Schiedl y dos estudiantes entusiastas (¿seminaristas de Chachapoyas?) con un guía aguaruna se lanzan por agua en balsa a cruzar el pongo.

 

Monseñor Ruiz y el resto de los expedicionarios, por tierra, coronan el abra de Campanquiz y en un lugar que debió ser Saramerisa se juntan las dos expediciones. De allí en cuatro días llegan al varadero de Jeberos desde donde emprenden el regreso a Chachapoyas por Moyobamba. Al año siguiente (1860), el infatigable Obispo emprende una nueva expedición, pero enferma. Tiene que retirarse y fallece santamente el 29 de noviembre.

La actitud de Monseñor Ruiz hacia nuestros nativos queda retratada en la carta que escribe el Prefecto del Departamento el 13 de setiembre desde el Alto Nieva:

"Me es muy grato anunciar a US. que le dirijo esta comunicación la noche de este día en medio de los "salvajes" aguarunas que se hallan en torno de mi cama, conversando alegremente en su propio idioma y cantando al son de su dulce flauta, aunque mi corazón se halla cubierto de tristeza al contemplar la desnudez de ellos, la suma escasez de mis víveres para darles abundante comida y el frío que les afligirá el resto de la noche después que en el día hemos sufrido un fuerte y continuo aguacero al restituirme a este desierto por no ser gravoso a estos infelices cuya agricultura es mezquina, sin embargo de la fertilidad de los terrenos... Estos infelices me piden con insistencia herramientas de labranza, especialmente hachas y yo les ofrezco enviarlas tan pronto como sea posible”

Sin embargo, no todos los miembros de la expedición eran tan altruistas como Monseñor. Don Julián Torres, jefe de la Comisión Civil de la expedición, después de haber solicitado, como el Obispo, telas y herramientas de labranza para los aguarunas, deja caer al descuido esta significativa frase:

“La Sociedad de Patrones del Amazonas, muy convertida de la munificencia y filantropía de su Excelencia, no duda un instante que le acordará la protección y socorro que demandan aquellos desque muy luego proporcionarán brazos de que carecemos y que facilitarán la marcha del comercio y de la navegación que tanto necesitamos".

Este mismo año, 1859, el Sr. Baltazar Eguren vuelve a emprender el recorrido desde Yambrasbamba buscando mejor ruta. En la bajada del Nieva, entre grandes penalidades, vuelve a dividirse la expedición. Cuatro expedicionarios se dirigen al pongo por agua. El resto, con Eguren, se desvía, suben a los cerros y se extravían en la bajada. Por un río -no se sabe dónde ni cuál-, naufragan. Un expedicionario se ahoga y Eguren, destrozado, tiene que permanecer un mes entre los aguarunas. Luego, todavía mal repuesto, emprende el regreso por la vía de Yambrasbamba a donde llega el 18 de mayo de 1861.La expedición ha durado trece meses.

 

La actitud de los aguarunas se endurece

 

En 1862, una nueva expedición se organiza en Chachapoyas. Ahora, se irá en busca de las cabeceras del Cahuapanas al mando del Sargento Mayor, el ilustre Pedro Ruiz Gallo. No pueden llegar al río Cahuapanas, aunque creen haberlo divisado desde una loma y tienen que regresar. Les han faltado los víveres.

La expedición de 1870, tiene en realidad un doble objetivo. Una fracción al mando de Felipe Torres y, siguiendo las indicaciones de Eguren, buscará las cabezas de potro y Achiyacu. Otra, dirigida por el Ingeniero Wertheman, pretende bajar por el Utcubamba y, vía Bagua, a través de los pongos llegar a Manseriche. Wertheman, que viene de Moyobamba, es imperioso y trae una escolta armada. Se indispone con los aguarunas, los amarga. Luego, sufre una serie de frustraciones: le faltan los víveres; logra pasar Manseriche, pero la malquerencia del Prefecto de Iquitos, con el que se indispone también, hace que éste le mezquine los víveres... y se ve obligado a regresar por la ruta de Moyobamba. Mientras tanto, la otra expedición es atacada por los aguarunas y Torres con sus once compañeros mueren atravesados por las lanzas.

1882-1884. El camino del Marañón parece cerrado por los aguarunas y dos expediciones buscan las cabeceras del Cahuapanas, pero ambas, por falta de víveres, tienen que retroceder abiertas veinte leguas de trocha.

Tres años más tarde, el P. Visalot logra llegar al río Mayo. Lo desertan varios expedicionarios y, después de retroceder, los cinco que han quedado encuentran aguarunas amigos cuyo jefe, el Mun Antún les conduce hasta Cahuapanas.

 Fuente: Entre Pongos y montañas. J.M. Guivert

lunes, 14 de febrero de 2022

La shiringa: LA MATANZA DE HUABICO (WAWIKO)

Por accidente en un laboratorio europeo, el veterinario Goodyear, deja caer un trozo de caucho sobre un crisol de azufre y nace una nueva alternativa para generar desarrollo en el mundo: la vulcanización. En 1885 año en que se inicia el boom por el caucho, hace de nuestra amazonia, el centro del comercio mundial y a la vez, de vendettas, sicariato, incursiones, esclavitud, trata de personas y a la vez, la muerte y persecución de miles de nativos que no excluye a los hijos de nuestra región (hoy llamada Amazonas y su provincia de Condorcanqui).

Iquitos, se convierte en el centro de la atención y se hace una torre de babel, donde se hablaba decenas de idiomas: español, francés, italiano, mandarín, portugués, inglés y las decenas de lenguas amazónicas. También se hace capital de las razas. Ya no solo se veía caminar por las calles a los nativos que se mezclaban con negros de las Bermudas que eran importados por los ingleses. Era un arcoíris de colores donde predominaba el verde de la selva inhóspita, salvaje y cómplice de muchas fechorías al amparo de la codicia.



Hasta Iquitos, en canoas o piraguas llegaban los jibaros del Santiago, cruzando los pongos de Manseriche y la cocha grande del Amazonas, llevando bolas de jebe de ese oro blanco que hizo ricos a pocos y huérfanos a muchos. Desde la cabecera de Nazareth, donde se centralizaba la producción del látex, se percibía la riqueza y también las tragedias, ocasionadas por hijos de Amazonas y Cajamarca.

Antes de Iquitos, era Moyobamba el centro del comercio, de allí que los intrépidos hijos de Amazonas, tenían que involucrarse en este redondo negocio del caucho que hacía muy ricos en corto tiempo. A este negocio lucrativo llegan a esta zona selvática de Amazonas, Burga, natural de Chachapoyas y Yajamanco, quienes libran enfrentamientos atroces donde mueren muchos jíbaros.

Amadeo Burga, es un gran explorador y conquistador de los jíbaros de las montañas del noroeste del Marañón y propietario de la hacienda de Nazareth y de los puestos de La Merced, Perpetuo Socorro, Lourdes, Imacita y San Rafael. Es el primer cauchero que se dedica a producir la shiringa en esta parte del Perú. Poco tiempo después aparece un serio competidor, Fabriciano Yajamanco, un hacendado de Jaén, propietario de la hacienda Charape en el río Tamborapa. Con sus campesinos, se instala en Huambico y otra casa en la desembocadura del Cenepa.



La presencia del competidor para Burga, genera en celo enorme, originándose una fuerte rivalidad. Tiempos después se produce la matanza de Huabico, que es contada por Lorenza, la hija de Fabriciano, quien es asesinado por jibaros, secuestrada la hija y cortada las cabezas de muchos nativos.

En estas reyertas, motivadas por los celos y el exceso consumo de cañazo, mueren dos misioneros que venían de Iquitos, enviados por el Prefecto Apostólico de Iquitos, quienes en partes oficiales, concluyen que esto fue ocasionado por la rivalidad de ambos hacendados.

Fue un acto salvaje que se recuerda aún oralmente, decenas de nativos formaron parte de estos enfrentamientos que ocasionaron bajas entre jíbaros y awarunas. Incendiaron haciendas, cortaron cabezas de grandes y chicos. Lorenza, fue secuestrada. Por muchos años vivió esclava, la obligaron a casarse con un jíbaro, convivió con ellos, hasta se olvidó del castellano y habló fluidamente el idioma, las costumbres y tradiciones nativas. Ya adulta, fue recuperada por su tío y separada de su hijo.

FUENTE:

Esta historia resumida, ocurrió en Amazonas a finales del siglo XIX y contada ampliamente en un intesante libro “ENTRE PONGO Y CORDILLERA" del padre, José María Guallart.

viernes, 11 de febrero de 2022

Kashi wajasé: Se anocheció


Me siento al costado de Jeremías, mi abuelo. Mira el horizonte, fuma su mapacho cuyo aroma ontamina los aires donde descansaban nuestros cuerpos. De la nada, ruedan las piedras al río.

Manungo, me dice. Hubo una vez donde la tierra tembló por días y las tierras se abrieron, las rocas se cayeron, formaron nuevos caminos, los árboles se partieron. ¿Qué pasó, abuelo?. Me cuenta la historia, en breves palabras.

Como nunca antes, esa tarde, el sol se ocultó detrás de las nubes y no quiso salir. El año 1928, una catástrofe natural asoló las tierras del Cenepa y el Marañón así como las de las zonas circunvecinas: Jaén, Bellavista, Bagua. Un terremoto de inusitadas proporciones que agita la tierra durante varios días con sacudidas sucesivas e imprevisibles.

Nunca olvidaron los viejos este pegájau que obscureció el sol durante el dia con el polvo levantado, hizo desbordar las quebradas cambiando su curso, formó nuevos "pongos" y originó peligrosos embalses que luego se rompieron ocasionando oleadas devastadoras.

-"Teníamos que agarramos a  los árboles  para no  caer"- cuentan todavía.

El antiguo conjuro del terremoto que parecía ya olvidado, vuelve a resucitar en la boca de los viejos. Y cuentan que hombres, mujeres y niños, en casas separadas, bailaban desnudos, bailaban cantando un anem pidiendo misericordia.

Apawa, Apawa uwa, (bis) jutíjusta tusamak,

aya najatuamume? Apawa, Apawa uwa (ter)

pegájatu, pegájatu (ter) jauchá, jauchá

Apawa uwa jutíjusta tusamek,

Ame najatuamume Apawa uwa

 

Oh, Padre, Padre

¿Para esto nos has hecho?

Oh, Padre, Padre

la tierra se sacude, se sacude ay de mí, ay de mí

Oh, Padre, Padre

¿para esto nos has hecho? Oh, Padre, Padre

Los aguarunas de Miraflores atribuyeron este sismo a Ajuí. Los shuars del Ecuador asociaban el movimiento sísmico a ljái. Y su anem y el ritode la danza eran semejantes. Durante mucho tiempo, el gran terremoto del 28 fue la referencia cronológica más Segura. Su epicentro, fue la ciudad de Chachapoyas, un lunes a las cinco de la tarde donde quedó destruida la histórica ciudad, capital de Amazonas.


Dato: Es una recreación trasladada de una historia oral, trasmitida por los viejos aguarunas que conocieron el terremoto de 1928

jueves, 3 de febrero de 2022

No quisiera ser migrante.

¡Vecino! ¡vecino! se escucha fuera de la casa. Me acerco a la ventana y veo a dos jóvenes morenos, con mochilas en la espalda, short, barba desaliñada, rostros sudorosos y su voz quebrada por la angustia de sentirse aislado en una tierra que no son suyas. Por favor, no les pedimos grandezas, solo algo para comer y beber. Estamos caminando desde Ecuador y no tenemos a donde ir. Se apaga la voz de uno y se escucha del acompañante. ¡No elegimos, hacer esto! ¡Nos obliga la dictadura en mi país! Se escucha un silencio en la vecindad. Mi esposa abre la puerta. En una bolsa les da algo de dinero. ¡Bendiciones y amen!

Y me imagino en esa condición. De gritar por las calles pidiendo ayuda, botando la vergüenza por sobrevivir. Me imagino, unas zapatillas viejas y con hueco en la suela, los pies llenos de ampollas por tanto caminar, el estómago pidiendo a gritos un plato de comida o mi cuerpo pidiendo donde descansar.
Es cruel. Muy cruel. El hombre, es un ser muy complicado, temeroso, orgulloso, egoísta. Actúa obnubilado por el momento o su circunstancia y es poco empático en tiempos de crisis. Ver a tanto inmigrante, como en este caso los venezolanos en Sudamérica, no quiero imaginarme lo que pasa con los africanos en Europa que por el solo hecho de su color ya le genera rechazo (seguimos con el estigma del racismo extremo), los de medio oriente que tienen el cliché de hombres bomba.

Es tan cruel la vida de muchos que nos vanagloriamos de tener poco que para ellos (en su condición de apátrida) es todo.
No quiero ponerme en ese papel. Debe ser bien complicado. Ser visto como asqueado. Calificado por tu procedencia, más no por tu conducta como ser humano. No quiero, estar en ese triste papel que millones lo tienen en el mundo. Ese mundo, donde cada vez se hace ancho y ajeno para todos.

Con la experiencia de hoy, mi solidaridad absoluta con los migrantes, vengan de donde vengan y a donde vayan.

lunes, 31 de enero de 2022

EL BLANCO: CAMINO AL OLVIDO

 


Recuerdo que terminada la escuela o el colegio, tenía que preparar un palo de maguey seco, una tabla pequeña en el que se clavaba lana de oveja, mientras que los más grandes se iban temprano a la cima del Luya Urco para traer la pintura y con ella enlucir nuestras casas. Eso, si cuento a mis hijos, dirán que es una locura. Con el paso de los años, la globalización, el facilismo y el ingreso al mercado de diversas pinturas, poco a poco se fue dejando de lado, una tradición popular.

Desde la zona de las antenas hasta las tierras de la familia Salazar, era habitual, ver a familias enteras cargar sus talegas con tierra blanca, ni siquiera había carretillas, menos cargadores como hoy. Desde Tushpuna, subíamos “hombriando” nuestra lampa. Era tan lejos el viajecito éste que teníamos que llevar fiambre. Hoy, tomo un taxi, llego en quince minutos y puedo llegar costalillos y traer a casa. En los 70, subir la loma del cerro, era épico.



Esta tierra de color blanca, sacada precisamente del “Blanco”, servía para enlucir las viviendas que antes entre masivamente el fierro, el cemento y ladrillo, se construía las casas con adobes, los acabados ,para alizar las paredes, se enlucía con barro y paja que después de secado, se pasaba con nuestra “brocha” hecha de cuero de oveja y en poco tiempo quedaba “blanquito” nuestras paredes.

Llegaron los ochenta y noventa, con ellos las nuevas alternativas para las construcciones. Como arte de magia, el sapolín, el esmalte, las lacas, comenzaron a tener hegemonía en la “gente pudiente”. El tarrajeo se cambió del barro al cemento y con él, el ingreso de la pintura CPP, Pato, Vencedor. Los colores se impregnaron y la ciudad se hizo un collage de colores despachados a libre albedrío. Hasta que, en los dos mil, se hizo una ordenanza y se uniformizó los colores en la ciudad. Se hizo blanca, pero dejando de lado esa vieja tradición.



Recuerdo que era un vacilón verte al espejo tu cara llena de esa tierra blanca. Tus viejos te recompensaban con una buena propina y si le caían bien a los vecinos te contrataban para pintar sus fachadas y salir de misio y tener para el cine, la gaseosa o el arrocillo. Aunque parezca poco creíble, nuestras propinas de la infancia, solo valía un alfeñique o un pepino o hasta un Llacón.

Tanto a cambiado las cosas en mi tierra, que hoy, camino sobre el asfalto. En Santo Toribio de Mogrovejo, la zona de los adobes, hasta éstos se “achicaron”. La tierra blanca, sigue, pero solo como un atractivo visual, más no como un medio o forma de vida. Todavía sigue en mi mente, esos años que pasaron en la infancia. Toco un poco de tierra, se diluye en mis manos y su aroma, me acerca a estos tiempos que jamás volverán.

Hasta los 90 las casas se pintaban al gusto del propietario.


 

 

sábado, 22 de enero de 2022

¿Onstán las piscinas?




Era 1976, hacia sol, con un grupo de compañeros del salón nos escapamos de la escuela y tomamos el camino que lleva a Huancas. En medio de retamas, chishcas y tolas, subimos los caminos de tierra colorada hasta llegar a nuestra piscina : La penquita.


Yo, era un experto nadando. Ya tenía experiencia en El Franco. Luego de una hora de nadar, sea de espalda, el indio o mariposa, nos preparábamos para regresar hasta que comenzaron los gritos. Un alumno, se había ahogado. Al poco tiempo, desahogaron las aguas y desapareció. 

Cerrado ésto, bañabamos nuestros cuerpos en La Chirola, la número ocho. Bañarse es un decir ya que tu piel se impregnaba de barro que conforme se secaba lo hacía pispa a tu cuerpo, de modo que eso de bañarse, sólo era un dicho. 

Con los años, esas piscinas de mi infancia ya no existen. Desapareció también las piscinas del Centro Escolar 131, de la Municipalidad por Yance, lo mismo de El Molino. La modernidad y el crecimiento poblacional hizo que hoy sean reemplazados por viviendas o canchitas de fulbito. 



Esos años de infancia, fueron marcados por vivencias y sanas experiencias que te dejan huella y con el tiempo se convierten en añoranzas. 

Esa ciudad del pasado, poco a poco está desapareciendo. Si no se lo escribe y se comparte,  será sólo una quimera. 

Tiempos aquellos...