lunes, 31 de mayo de 2010

MI TROMPO DORADO

Cerca a mi casa estaba la escuela. Tan cerca que en el recreo me escapaba para tomar mi café con su pan o mote con leche y sal; y, si tenía mucha suerte, encontraba en la olleta frejol sancochado que lo comía con aceite y sal. Esas delicias de mi infancia hoy vengo pagando “el pato” con el colesterol, la mucha hemoglobina y triglicéridos que entraron a mi cuerpo sin pedir permiso y menos haberse presentado.

No recuerdo exactamente qué mes se jugaba a los trompos, pero nunca olvidaré que una mañana todos mis amigos llegaron a la escuela con su cartapacio o su talega de cuadernos y en su bolsillo una bola, en el otro una pita amarrado con su chapita. Era el día en que se iniciaba la temporada de trompos.

A la hora de recreo, mi amigo Constantino, el más chombazo del salón, me dijo para que jugáramos a los trompos. Yo tenía uno pequeño, que a las justas lo hacía dumbar. Su clavo no tenía punta, su cabeza ya estaba magullada por los golpes. Era el único que tenía. Hice un círculo con la punta del trompo y un hueco a veinte metros para que sea la olla. ¿A cuántos docos? Vamos a diez le dije.

Tira Constantino, el trompo rueda con fuerza cerca al círculo. Hago lo mismo, mi trompo tartaracho no da vuelta y como son las reglas de juego me tuve que chantar. Con la sonrisa de oreja a oreja, Constantino el grandulón del salón, se deleitaba con su juego. Tiraba de todas las formas: Con la punta al cielo, con la punta abajo. Zun, zun sonaba su piola y veía como poco a poco lo arrastraba a la olla a mi pequeño trompo.

Tanta era su suerte que yo sólo miraba. Miraba con rabia e impotencia de mis diez años, como mi trompo, el único que tenía, el del color dorado iba a su destino final. Muy prosa, Constantino, hacía gala de su habilidad. ¡Ya se jodió tu trompo, panzón!, me dijo. Cuando el trompo daba vuelta, con la pita, lo elevaba a su mano. En la palma daba vuelta y antes que se caiga, cloc lo golpeaba a mi trompo.


A medio metro de la olla, Constantino, pierde el control de la jugada y en vez de que de vuelta, con la fuerza del tiro el trompo se prensa en el piso. Era mi turno. ¡No saben la alegría en mi alma de niño! Levante mi trompo del suelo, la limpie en mi pantalón, para que la punta este suave le bañe con mi escupe. Con la seguridad de mi suerte y la suerte de mi trompo dorado lo enrosque con con la piola hasta cerca de la cabeza. Dos pasos atrás y zas, mi trompo no dio vueltas pero lo golpee al que estaba en el suelo y se puso a diez centímetros de la olla. ¡Lechero!, escuche a otros amigos.

Otra vez enrosque con la piola mi trompo. ¡Zas! Mi trompo da vueltas, abro mis dedos para que suba a mi mano. Lo hago, me emociono. ¡Cloc!, el trompo de Constantino entra a la olla. Mi amigo pone cara de tristeza, me dice que para que no lo malogre su trompo, mejor que lo doquée a su sopero. En mancha y ante el aliento de los amigos vamos cerca a la palmera que estaba en el patio. Coloco al sopero para clavar la punta de mi trompo dorado. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, decían en coro los amigos, de pronto todos callaron. Iba a tirar el sexto doco, en mi mano el trompo dorado se partió en dos. Era tan pequeño que con la fuerza de los golpes al grande sopero, en vez que el clavo haga daño a él, se metía más en el cuerpo de mi trompo y terminó por romperlo. Ja,ja,ja,ja,ji,ji,jo,jo, era lo que escuchaba a mi alrededor.

Con la rabia, la tristeza, tiré mi trompo al aire. Maldije mi suerte. Mientras entraba al salón, con mis manos me secaba las lágrimas. Atrás quedaba mi emoción de niño y para siempre el recuerdo de mi trompo dorado. Ese mismo que mi viejo, un domingo en la mañana me dejó al pie de la cama.

lunes, 24 de mayo de 2010

LOS OJOS DE DIANA

La conocí una noche llena de estrellas y de luna llena. Estábamos solos por casualidad en la proa del crucero Indiana. Había llegado retrazado a bordo, mi secretaria muy tarde me dio los pasajes. Estos fueron pagados por la empresa donde trabajo. No iba de vacaciones, tenía que hacer en Atenas.


Cada noche, en la pista se realizaba una gran fiesta, llena de colorido y elegancia. Veía con rubor a Juliana y Margareth. Muy elegantes las dos. En sus cuellos de cisne colgaban cadenas de oro puro con crucifijo adornado de diamantes. Con la lentitud del viaje, a la larga los doscientos pasajeros del crucero nos hicimos amigos. Paul Millar, un fornido alemán era mi sostén económico.
- Caerme bien; yo gastar siempre por ti, me decía cada vez que nos encontrábamos.
Paul tenía un magnetismo único con las mujeres. Todas las hembras del crucero querían beber con él, más su tartamudeo le limitaba su afán donjuanesco.
- Me gus-tan, pe-pero, si ha-hablo, s-se van a re-reír de mí.
- Ese no es problema,Paul, ese defecto supéralo con tu personalidad y tu sex apeal para conquistarlas, lo demás es movimiento.
- Ja,ja…ma-manos, ¡Bien, muy, bi-bien…!.
Cada conquista suya era para mí otra noche de tragos y sin gastar.
En ese trajín de enseñanza en el galanteo a Paul, tuve la necesidad de voltear hacia la barra del bar. Lo miré desde los pies hasta la cabeza. Tenía los cabellos tan negros, que con las luces multicolores del bar segaban la mirada. Tenía una pose de seducción que invitaba a embriagarse en ella. Alce mi copa de vino.
- Por tu belleza – Brindé.
Ella en un gesto aceptó. Con una sonrisa amplia y sincera se alejó de la barra, como si estaría en una pasarela desfiló para mí, mostrándome su monumental y contorneado cuerpo. ¡Dios mío, que mujer!, me dije por dentro y lo seguí.
- ¡Permiso, permiso por favor!. Disculpe Margareth, voy en busca del placer.
¡Se alocó su corazón!. Alcance a escuchar, pero seguí mi camino por medio de las parejas que estaban bailando un Mambo Caribeño.
Subí las escalinatas que daban a los camarotes, pero no la encontré. Su figura de mujer felina se esfumó como el humo del cigarrillo que tenía en mis manos. Ya de regreso en el bar.
- ¡Un whisky sin hielo, por favor!.
Cada sorbo era un golpe seco al corazón palpitante de deseo. Miles de preguntas rondaban en mi cabeza.
- Ese le pa-pago y-yo. Con su tartamudeo, Paul, me regresó a la realidad.
- Y co-como te va.
- Bien…
- ¡No, no lo cr-creo!. ¡Se te es-escapó!
- Se esfumó mi fantasía, Paul.
Hicimos de la noche, la mas larga de todas. Hablamos del viaje. Conociamos a todos menos a ella. No recordamos verla visto en los cinco días que teníamos de viaje. Por la mañana salí a la piscina.

Los días eran largos como el viaje mismo. Una tormenta fuerte, desvió nuestra ruta a Holanda. El capitán, Torrentino explicó a todos que suspendían el viaje por dos días, para hacer mantenimiento al navío. Bajamos todos; para verla de nuevo me paré en las escaleras. No la encontré.

Ese descanso lo dediqué a conocer el país del pintor Van Dongen, de los poetas Kemp y Bloem. Conocí los astilleros de Ámsterdam. Me llamó la atención la gran construcción del dique de Afsluit que cierra al Ijsselmeer, que impide la entrada de las aguas al mar del Norte. Holanda es muy húmeda. Me comentaban los lugareños que más del cincuenta por ciento del territorio es una proeza de la ingeniería hidráulica que ha ganado tierras al mar; así mismo llama la atención la transformación de agua salada en potable. ¡Impresionante!.
Tu,tuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
El característico sonido de los barcos anunciaba nuestra partida. En Holanda bajaron Juliana y Margareth, dos empedernidas solteras que viajaban por gusto y en busca de placer.
- ¡La vida es una sola chico, me decían - ¡Hay que disfrutarla!
Faltaba poco para culminar mi viaje. En el trayecto comencé a disfrutar mi tiempo en la lectura, sobre todo de la viaja Europa. Esa Europa de Lutero, de Robespierre, de Víctor Hugo. Esa Europa del racismo sin par. Esa Europa de blanco y negro.
- Hola – me susurró al oído.
- ¡Hola, ninfa de mis sueños!. Cada noche te he esperado. Cada movimiento mío, era pensando en ti. Cada latido de pecho era por ti. Te he buscado por…
- ¡Calla! No digas más nada.
 Me abrazó fuerte por el cuello y nuestros labios se juntaron llenos de deseo.
 Creo que siempre te he amado. No quiero perderte más.
- Yo, igual…
Esa noche fue mía y de nadie más. No hubo preguntas ni explicaciones. Puedo sentir muy cerca, su cuerpo suave como la seda. Puedo bañarme en su larga cabellera. Puedo beber y aplacar mi sed en sus senos redondos que se hacían cada vez más grandes con el placer. Lo amé, como a nadie.
Al rayar la mañana, sus ojos me segaron con el brillo del sol. No pude mirarla de frente. Cerré los míos para seguir besándola, la apreté fuertemente contra mi cuerpo, y le dije lo mucho que le amaba.
- Robert, amado mío, nunca olvidaré estos momentos. Yo lo escuchaba sin mirarla y aferrándome a su cuerpo.
- ¡Robert…!, me dijo, agarrándome la cara para mirarla de frente.
- ¿Hay algo que no te gusta de mí? ¡Dímelo, amor!
- ¡No! Todo está bien. Cerrando los ojos, nuevamente la besé. Quise que ese beso no terminara nunca.
- ¡Robert! ¡Mírame por favor, mírame!
- No puedo, Diana, mi amor
- ¡¿Por qué?!
- Tus ojos, Diana. Son tus ojos.
- ¡Qué tienen mis ojos…!
- Tienen fuego, Diana…Cuando me miran, siento que mi cuerpo arde. Siento que tu mirada me quema el alma.
Es difícil describirlo. Los ojos de Diana son hermosos. No he visto nada parecido en otras mujeres. Son negros como el café cuando están tostados, y a veces marrón claro como la miel. En las noches sus ojos cambian de color. Cuando se pone triste, sus ojos se apagan. Cuando ríe, sus ojos brillan como la luna llena. Cuando me mira, me siento incómodo, siento vergüenza, y la mayoría de veces, tengo miedo. Miedo que conociera mis secretos.
Acordamos con Diana, que cuando esté conmigo usara anteojos negros. Por las noches conversábamos de espaldas, el amor lo disfrutábamos a oscuras.
- No sé, si podré soportarlo, Robert…
- La única forma de amarte sin recelo, es así, Diana. Tus ojos, son dos diamantes que nunca dejan de brillar…pero mirarte, no puedo.
- ¿Robert?. ¿Pase lo que pase, me seguirás, amando?
- Siiii, Diana, sí. Contigo encontré el amor. Te amo, solo sé que te amo.
- ¡Robert, amor mío!
Ella tuvo que bajar en Japón para arreglar algunos contratos con la compañía Mamamoto de Tokio. Luego viajaría a Atenas para encontrarnos y seguir amándonos.
Dos meses pasaron desde que regresé de viaje. De Diana no sabía nada. Todos los días escribía cartas con dirección al mundo. No sabía de donde era, ni como comunicarme con ella.
Dín, dón, sonó el timbre de mi apartamento.
- ¿El señor Robert Matius…?
- Soy yo…
- Un paquete de Budapest.
- ¡Diana, mi amor!, me dije por dentro. Firme la boleta de entrega. Emocionado le entregué una propina y cerré la puerta para correr como un chiquillo que le compran un juguete nuevo.
Cuando abrí el paquete, me quedé horrorizado viendo los ojos de Diana, que pese a que estaban muertos, todavía brillaban con la misma intensidad de siempre.
-¡Qué has hecho, Dianna, quéééé!!!!
No pude más. Me arrodillé y me puse a llorar, abrazado a los ojos de mi amada

miércoles, 19 de mayo de 2010

UN PITSITO MAS…


Cuando estoy cerrando mis ojos, un golpe tras otro y un sacudón hizo que a las once y quince de la noche me levante de la cama, bajar las escaleras, abrazar a mis hijos y salir de la casa. Un sacudón que pese a que fue corto, dejó con la claridad del día cientos de casas damnificadas, como diez destruidas, carreteras interrumpidas y el pulsario de todos hasta ahora no regresa a su lugar.

Es que fue tan fuerte, que dio miedo y creo sin temor a equivocarme, lanzamos miles de aves marías, de plegarias, de ruegos y diosito estuvo en todas partes, aun que sea por un momento. Fue tan fuerte el sismo, que caminar era imposible, peor en las tinieblas, y que decir, momentos de caos en todas partes cuando el bendito movistar o claro no sirven para nada. Y nada es no saber cómo está tu familia, tus amigos y hasta tus vecinos.


Foto que recuerda el sismo de 1928
Claro pese a todo, solo esta vez fue un susto. Un pitsito más y era calamitoso para todos. Ese pitsito más, todavía no llega y ojalá nunca llegue, ya que de ser así, es casi seguro que decenas de casas antiguas de la zona histórica se caerían como naipes, otro tanto de casas en las Urbanizaciones Populares hechas en base a adobe o tapial se derrumbarían y quizá recordaríamos y lamentaríamos ser testigos de un sismo similar al 18 de Mayo de 1,924, año en que Chachapoyas quedó destrozada.

Ese pitsito que falta, antes que suceda, debe ser motivo de ocupación y responsabilidad de gobernantes y gobernados. Es momento de analizar nuestro contexto territorial y planificar acciones que conlleven a garantizar una seguridad pública. Es momento de hacer un censo real para conocer el estado situacional de las viviendas de la ciudad e impulsar proyectos con la asistencia técnica del SINADECI, Plan Copesco y la UNESCO, quienes tienen como finalidad desarrollar acciones de planificación urbana y crecimiento territorial acorde con las exigencias del siglo XXI y teniendo en cuenta los rangos de vulnerabilidad sísmica.

Ese pitsito que falta también, deber ser para que como ciudadanos asumamos hoy más que nunca, nuestro compromiso con la prevención, con las orientaciones que nos brindan los Comités de Defensa Civil, los anuncios publicitarios y las recomendaciones sobre seguridad en el hogar. No es complicado, hacer las cosas. Hacerlas bien mejor todavía. Depende de voluntad, de esmero y de demostrar que el cariño que se tiene a la familia y a nosotros mismos no sea aparente, sino que los demostremos.

Chachapoyas, forma parte de una falla geológica que cruza nuestro continente y es de esperar que ésta se active y aflore con toda su fuerza, tal como sucedió en Chile o Haití. Tener presente que vivimos acompañados de los desastres, es también sinónimo de responsabilidad.

El martes por la noche, mi cuerpo se escarapeló, mis pensamientos se bloquearon, mis reacciones se paralizaron por el temor, el miedo a lo peor. Creo que eso pasó con todos. Lo que suceda mañana dependerá mucho de nosotros, ya que estar prevenidos es un deber y un derecho preservar nuestra existencia, ya que Defensa Civil somos todos.

lunes, 17 de mayo de 2010

LA ODISEA DE UN VIAJERO


No es un drama, ni mucho menos para exagerar y decir ¡ A su mare!, pero quiérase o no viajar de Chacha a cualquier parte ya es un tema complicado.

Miércoles.- Nueve de la mañana tomo un taxi al aeropuerto – que dicho sea de paso está bien bonito-. Cerca de las diez nuestros amigos de la municipalidad arriban para hacer el control de carga y pasajeros. A cambio de S/111.00, pasamos por aéreas restringidas donde nos quedamos literalmente ciprachos y dejamos fuera del cuerpo cualquier indicio de metal.

Hasta que bajen los pasajeros, suban la carga, partimos hacia Mendoza a las 12.05 llegando a las 12.10, los pilotos bajan del avión con sus bolsas, salen al mercado a comprar carne, plátanos y otros, cerca de la una viajamos rumbo a Chiclayo para reabastecer combustible. En la ciudad de la amistad suben otros pasajeros, a las dos volamos a Lima. En la altura de los 4 mil pies, un humo denso y blanco inunda al avión, unos nos quedamos perplejos, otros se miraban unos a otros, algunos que sabían se reían. Es un humo refrigerante que tienen todos los aviones rusos nos dice el piloto. 4 de la tarde llegamos a Lima, por fin pudimos sacarnos los tapones de algodón de los oídos. Luego de seis horas pudimos llegar a nuestro destino.

Comentario uno: Se dice que la calidad de los servicios por más barata que ésta sea tiene que ser óptima y eso no pasa en los vuelos de la FAP, son lentos, dolorosos, complicados que tiene que mejorar en su momento, ya que el servicio si bien es verdad es utilizado por personas de pocos recursos, también serán usados por turistas y quiérase o no, un turista vale mucho para nuestro país.

Llamo a la agencia de transporte, me confirman el  número de asiento y la hora. Pactada la misma llego a tiempo y el carro por justificaciones nada coherentes llega a las cinco y cuarentaicinco a Los Olivos. De allí salimos a las seis y diez. Un tripulante toma el micrófono y dice: “Bueno, bueno, bueno, puf,puf,puf ¿Se escucha?, bueno, bueno, estimados pasajeros…vamos a darles el servicio a bordo”. Un pollo frito, ensalada de cebolla, una crema de espinacas, una gaseosa o té y un alfafor. El médico me dijo que estoy gordo y subido del colesterol, por lo que no puedo comer frituras ni harinas. Dejo mi ración y personas mayores que yo hacen lo mismo. Dos horas después, el carro se convierte en chorro de goteo por el sudor de las personas y por lo hermético del bus que no tiene ventanas que se abren normalmente, pese a que no hace calor, cada diez minutos se prende y apaga la calefacción. En los primeros asientos iban dos niños que pasado las horas comenzaban a toser, cerca a mí dos ancianos que luego de treinta años iban a su tierra. Llegamos a Chiclayo a las siete de la mañana. Media hora después salimos a Chacha.

En el primer control, una hora nos quedamos varados para que controlen al vehículo y revisen los equipajes uno a uno. El carro viajaba entre 60 a 80 kilómetros por hora. Nos sirven el desayuno: Una torta de chocolate y un sándwich de jamonada y una gaseosa. Por el hambre todos pudimos comer. Era tan lento el viaje que recién pudimos almorzar cerca de las cuatro de la tarde en Pedro Ruíz: Arroz, milanesa de carne, ensalada de caigua, otro alfafor y una gaseosa.

Coincidimos los pasajeros que el viaje era muy lento y una tortura viajar en carro cerrado porque se arriesga la salud de los pasajeros y en eso tienen mucha razón, que resumo en:

1. Como el carro es hermético, cualquiera de los pasajeros que tengan alguna enfermedad grave y contagioso ¿Qué pasa con los demás pasajeros que viajan sanos?

2. Por razones de edad, muchas personas padecen de diversas enfermedades: presión alta, colesterol, triglicéridos elevados, diabetes, artritis, gastritis entre otros. ¿Se piensa en ellos para preparar los alimentos?

3. Los viajes largos son aburridos, peor si las películas son en ingles y su traducción en letras pequeñas para un televisor pequeño y la música es de acuerdo al piloto antes que al viajero. ¿Se piensa en ofrecer periódicos, revistas o libros?

4. Además de preparar a los tripulantes para atender con los alimentos a los pasajeros, limpieza de los baños o darles la bienvenida a bordo ¿Se podría darles orientación cultural sobre la importancia de nuestra región en cuanto a su belleza, potencialidades, recursos con fines de información turística?


En fin, como puede ver viajar a Lima por ambos medios resulta complicado, tedioso, fastidioso y extremadamente largo, por lo que me atrevo a dar algunos TIPS para mejorar los servicios y no de uno; sino de todas las empresas de transporte que hacen el servicio: Chachapoyas – Lima, Chachapoyas – Chiclayo, Chachapoyas – Trujillo y viceversa, ya que un servicio de calidad, también habla de la calidad de gente como es la nuestra.

viernes, 7 de mayo de 2010

EL ATAJO: ¿LA CATARATA DE BASURA MAS ALTA DEL PERU?


Recuerdo cuando era pequeño, con amigos del barrio de Tushpuna nos íbamos cada fin de semana al atajo para surrucarnos y bajar al Sonche para bañarnos y pescar los carcachos que con su jeta pegada en la piedra se soleaban entre las diez y doce de la mañana. Recuerdo y eso hace más de 30 años en que en esta zona recién se intentaba arrojar la basura acumulada por una población que no superaba en esa época los quince mil habitantes. Hoy en el 2010, se calcula que se produce basura sobre las ocho toneladas y de las cuales el 75% es orgánica y el resto papeles, metales y plásticos y con ello la acumulación del impacto negativo al medio ambiente en El Atajo, donde es tanta la combustión y generación de gas metano que llueva o solee hasta en tres partes de la catarata de basura permanece encendida, contribuyendo aún más el daño al medio ambiente.

Se imaginan ¿Cuántas toneladas de basura, existe hasta la fecha en la zona?. Basura que contamina nuestros ríos, nuestros peces, nuestras vidas. Basura que en poco o en mucho contribuye el calentamiento global y el cambio climático del mundo. Además basura desperdiciada que no se recicla, que no se renueva y que se pierde miles de soles por no tratarla como se merece y debe una ciudad emblemática como la nuestra.

Han pasado muchos siglos sobre la capital de Amazonas y es en cierto modo desconcertante conocer que no contamos con terrenos apropiados para depositar la basura y propiciar su tratamiento, además de no contar con un plan de capacidades para orientar eficientemente a la población en el manejo de los residuos y que éstos no se arrojen a las calles o las quebradas o zonas descampadas, peor, al no enseñar a la comunidad a clasificar la basura.

En los últimos meses, pese a la mofa o indiferencia de la gente, existen hasta cuatro personas –mujeres- que se abocan desde muy temprano a reciclar la basura, separando los plásticos, los cartones, los papeles, luego de cuatro a seis horas de trabajo las llevan a un almacén, las venden por kilos y así logran contar con ingresos más que significativos; más aún, cuando muchas personas ni siquiera ganan el sueldo mínimo vital.

Si el Gobierno Local, contaría con un área específica para el tratamiento de basura, estoy casi seguro, que contaría con otros ingresos y frescos a las arcas municipales. Si más del 50% es orgánico se puede vender a empresarios agrícolas para su uso en el campo, Si es metal, papel o plásticos mejor ya que estos se reciclan y se vuelven a utilizar.

Muchas veces se cree que es un gasto comprar terrenos para un hecho ocioso como es la basura; pero si se mira desde el concepto de la inversión, todo dinero que emplee en mejorar, reciclar, promover usos sanos y responsables será bien invertido, ya que de por medio está la protección de la salud pública. Y eso no tiene precio.

Un gobierno local que se precie de responsable socialmente, tiene que combatir el problema ambiental y aprovechar el tema de las mancomunidades para hacer un frente de varios alcaldes que apuesten por lo mismo y para lo mismo. La basura, se convierte para todos en una oportunidad. Una oportunidad para ganar dinero. Una oportunidad para beneficiarse a bajo costo. Una oportunidad para vendernos ante el mundo como una ciudad sostenible y saludable y quizá dejar en el pasado la catarata de basura en El Atajo y así las shucas se vayan a jorobar a otra parte.