miércoles, 19 de mayo de 2010

UN PITSITO MAS…


Cuando estoy cerrando mis ojos, un golpe tras otro y un sacudón hizo que a las once y quince de la noche me levante de la cama, bajar las escaleras, abrazar a mis hijos y salir de la casa. Un sacudón que pese a que fue corto, dejó con la claridad del día cientos de casas damnificadas, como diez destruidas, carreteras interrumpidas y el pulsario de todos hasta ahora no regresa a su lugar.

Es que fue tan fuerte, que dio miedo y creo sin temor a equivocarme, lanzamos miles de aves marías, de plegarias, de ruegos y diosito estuvo en todas partes, aun que sea por un momento. Fue tan fuerte el sismo, que caminar era imposible, peor en las tinieblas, y que decir, momentos de caos en todas partes cuando el bendito movistar o claro no sirven para nada. Y nada es no saber cómo está tu familia, tus amigos y hasta tus vecinos.


Foto que recuerda el sismo de 1928
Claro pese a todo, solo esta vez fue un susto. Un pitsito más y era calamitoso para todos. Ese pitsito más, todavía no llega y ojalá nunca llegue, ya que de ser así, es casi seguro que decenas de casas antiguas de la zona histórica se caerían como naipes, otro tanto de casas en las Urbanizaciones Populares hechas en base a adobe o tapial se derrumbarían y quizá recordaríamos y lamentaríamos ser testigos de un sismo similar al 18 de Mayo de 1,924, año en que Chachapoyas quedó destrozada.

Ese pitsito que falta, antes que suceda, debe ser motivo de ocupación y responsabilidad de gobernantes y gobernados. Es momento de analizar nuestro contexto territorial y planificar acciones que conlleven a garantizar una seguridad pública. Es momento de hacer un censo real para conocer el estado situacional de las viviendas de la ciudad e impulsar proyectos con la asistencia técnica del SINADECI, Plan Copesco y la UNESCO, quienes tienen como finalidad desarrollar acciones de planificación urbana y crecimiento territorial acorde con las exigencias del siglo XXI y teniendo en cuenta los rangos de vulnerabilidad sísmica.

Ese pitsito que falta también, deber ser para que como ciudadanos asumamos hoy más que nunca, nuestro compromiso con la prevención, con las orientaciones que nos brindan los Comités de Defensa Civil, los anuncios publicitarios y las recomendaciones sobre seguridad en el hogar. No es complicado, hacer las cosas. Hacerlas bien mejor todavía. Depende de voluntad, de esmero y de demostrar que el cariño que se tiene a la familia y a nosotros mismos no sea aparente, sino que los demostremos.

Chachapoyas, forma parte de una falla geológica que cruza nuestro continente y es de esperar que ésta se active y aflore con toda su fuerza, tal como sucedió en Chile o Haití. Tener presente que vivimos acompañados de los desastres, es también sinónimo de responsabilidad.

El martes por la noche, mi cuerpo se escarapeló, mis pensamientos se bloquearon, mis reacciones se paralizaron por el temor, el miedo a lo peor. Creo que eso pasó con todos. Lo que suceda mañana dependerá mucho de nosotros, ya que estar prevenidos es un deber y un derecho preservar nuestra existencia, ya que Defensa Civil somos todos.
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