viernes, 17 de agosto de 2018

Punto de quiebre: doloroso y necesario.



Se lo digo así de sencillo ¿quieres tener una casa, un auto o una esposa? ¡Claro! Y te has puesto a pensar ¿Cuánto cuesta eso? ¡Mucho dinero! Si quieres lograrlo, tienes dos opciones: Sacrificarte y ahorrar; la otra, planificar para saber en qué plazo puedes tener lo que deseas. Bueno, si eres conformista o facilista, esperar el regalo de papá o te contentas con lo que te llegará. Eso se llama punto de quiebre: Seguir con lo que hago, conformarme con lo que tengo y quejarme de mi “suerte” o cambiar radicalmente en lo personal y, si lo hacemos como territorio es, seguir como estamos a la deriva o radicalmente hacer cambios profundos cueste lo que cueste.

Amazonas es un barco que navega por las circunstancias. Un día va por altamar, al otro, se pega a la playa y cuando está por naufragar, una ola lo salva y sigue en aguas profundas, pero sin saber a qué puerto llegar. Un serio problema que tiene como territorio es su ingente riqueza, pero que no es tomado en cuenta por su clase dirigente, que solo se aboca a contentar con aspirinas las demandas sociales; es decir, placebo de todos. Además claro está, sus serios problemas de conectividad vial, sus brechas sociales e inequidades entre uno y otro segmento de la población.


Somos un territorio que se presta para generar el desarrollo que tanto aspiramos con una limitante: clase política convencional, conformista, resultadista, oportunista y circunstancial. No tiene en claro que es lo que quiere, desconocimiento generalizado del territorio que solo es reconocido en campaña y sin programas de gobierno que contemplen ejes estratégicos y proyectos que impacten en el colectivo regional.

Vivimos en un desorden administrativo a lo que se suma su carencia de identidad. Una sistema de planificación mezquina con el futuro, con microproyectos zonificados en unidades territoriales sin proyección, otros atentatorios a la integridad del territorio, motivo por el cual, de seguir en esa perspectiva, seguiremos repitiendo la frase “un fracaso más que importa”.

Hoy, a los albores del bicentenario, otro fracaso SI NOS DEBE IMPORTAR. Y por varios motivos, entre ellos: seguiremos siendo pobres, no vendrán las inversiones privadas, seguirá migrando masivamente la gente a otros territorios por la falta de oportunidades, se incrementará la pobreza extrema y por ende la calidad de ciudadanos y esto nos mantendrá en la cola del desarrollo nacional.

Estamos cerca de un proceso electoral donde renovaremos a los gobernantes tanto locales como regionales. ¿Elegiremos más de lo mismo?. Quien sea que elijamos y que siga el mismo camino actual, no nos conducirá absolutamente a nada. Debemos aceptar este punto de quiebre y volver a cero, a repensar, a replantar las estrategias y políticas regionales. Hacer el sacrificio, soportar las marchas, los gritos y las demandas y hacer una reingeniería administrativa, técnica, funcional, operativa y estratégica en Amazonas.

Si queremos una buena esposa, un buen carro, una mejor casa, tenemos que sacrificarnos, de lo contrario seguiremos acuñando otra vieja frase “Lo que diocito mande”. Demos paso al laushito por la decisión radical de cambio.

Solo para recordar otras frases repetidas generacionalmente. Recordaran aquello de que “lo que haces hoy lo pagarás mañana” o “No levantes el dedo acusador porque te pueden acusar a ti también”. Efectivamente, nuestro pasado nos vende, nuestro presente también si es que no queremos tener un mejor futuro.

Ya no dejemos las cosas a medias. Si queremos entrar a la carrera de la victoria, tengamos un buen carro, un mejor equipo técnico y elijamos el mejor piloto que nos conduzca, así sufra un choque o accidente circunstancial hacia la meta, que al final de cuenta, será pensando en nuestros hijos.

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