jueves, 12 de abril de 2018

El futuro de Amazonas, más allá del capricho político.



Se vienen las elecciones y con ella los candidatos que con derecho aspiran ser el próximo gobernador o alcalde de Amazonas, que dicho sea de paso, no es un departamento cualquiera, como para que cualquiera que se atreva a gobernarla solo por capricho, por un sueño, por aparecer en la foto o por solo el hecho de pasar a la historia como un intento en la vida.

Escucho de presentaciones pomposas, de ideas desproporcionadas, de ofertas sin fundamento, de planteamiento sin ideas; es decir, puro quimeras, que solo sirven para el tabladillo, para el discurso. Escucho de nombres, muchos de ellos que por un poco de fama y dinero, se sienten con derecho de asumir este reto. Un reto complicado, temerario, más cuando Amazonas es una bomba de tiempo que en algún momento explotará por los conflictos en ciernes, carencia de orden, de propuestas y políticas de mediano y largo plazo que contemple su desarrollo transversal.

¿Qué demanda Amazonas?. Proyectos que nos integran y que no sigan dividiendo al territorio entre norte o sur. Propuestas que permitan revertir los males endémicos como la anemia y pobreza, contar con nuevos modelos educativos a la altura de las circunstancias y demandas laborales en el territorio, diseño de espacios territoriales que se conviertan en focos de desarrollo tecnológico e industrial, hacer de las ciudades una forma de vivir con dignidad y respetando el binomio: Hombre – Naturaleza. Desconcentrar los servicios públicos y acercar al ciudadano a la vida administrativa regional.

Para eso, se requiere de dos cosas: RENUNCIAR A LA CODICIA y SER TRIPULANTE para el cambio.  Muchos nos creemos con derecho a dirigir, conducir, liderar, pero bajo nuestro espejo creado en un entorno de oportunismo y que nos conlleva a la figuración y a enarbolar nuestro egocentrismo. La política, no se construye solo con nombres o buenas intensiones, se planifica, se idealiza y se ejecuta, además de madurez cívica.

En muy sencillo ofrecer la solución ante tantas carencias y demandas de la población, desconocimiento que dichas ofertas riñen contra los sistemas presupuestales de la nación, tales como los planes multianuales, los planes de desarrollo y las políticas nacionales que orientan la ruta para crecer como país.

Ya no se trata de caras bonitas, la política. Se trata de ideas, de programas, de planificación y de inversiones en actividades que nos permitan ser competitivos como región. Además, de una gran dosis de credibilidad, respeto y honestidad.

Las elecciones que vienen, no es una pipeta de laboratorio para seguir experimentando como el alquimista. En estas elecciones se deciden el futuro de nuestros pueblos, para lo cual debe primar la razón antes que la emoción.

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