viernes, 2 de septiembre de 2016

Nada dura para siempre...


Prende el televisor, se apaga. Un sonido extraño aparece en la refrigeradora. Un clic hace que el foco de la cocina se queme o tal vez el auto, nunca más arranque. Con cualquiera de estas experiencias, usted mismo acaba de comprobar el significado de la obsolescencia programada y al mismo tiempo, sabrá que cualquiera de esos equipos obsoletos, formarán parte de la basura global, llamado chatarra.


La obsolescencia programada, no es un término nuevo; pero si planificado por los grandes conglomerados de empresas que fabrican en serie de artefactos para que funcione un ciclo y por necesidad renovarlo. Pueden durar seis meses, dos años, máximo diez y no es culpa “de los chinos”, es ganancia a costa de crear demandas y necesidades. O sea, lo que heredó de la abuela y hasta hoy lo usa, bendiciones, eres un privilegiado.

En los últimos treinta años con la programación para que todo artículo sea obsoleto, el mundo se ha convertido en una chatarra dentro del universo. Una chatarra peligrosa que contamina nuestro entorno y que podría ser el lastre que heredaremos a la sociedad del futuro.

“Todo vale” para seguir en el poder y la moda. Cada año se renuevan los modelos, los equipos, las necesidades y aumentan los clientes, por lo que hacer cosas eternas no es rentable, de allí que en el laboratorio se programa la muerte lenta del artefacto sin que uno se de cuenta. En el negocio “nada es eterno en esta vida”.


Como al principio, por demanda, necesidad y generar riqueza, todo se descarta en la vida. Y a veces en mi soledad surgen una serie de inquietudes y pienso que con la impresora 3D sacaremos una copia de nuestro cuerpo y caminará por las calles y no sabremos si seremos mejorados, peores o simplemente idiotizados…por la tecnología y seremos parte obsoleta de un mundo chatarra.
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