lunes, 5 de septiembre de 2016

Lamud: Cuando la fe no mide tamaños ni distancias

Desde hace mucho tiempo, he tenido la curiosidad por saber de la virgen más pequeña del mundo, pero poca oportunidad he tenido de viajar. Por inercia, impulso o algo ajeno a mi voluntad, estaba sentado en el vehículo que me llevaría a Lamud que en este mes respira, transpira y vive al entorno del “Señor de Gualamita”. Se hizo, se cumplió, la conocía y por eso comparto una historia, que enriquece más nuestra cultura religiosa amazonense.

Después del viaje a Quiocta –otro atractivo espectacular de la provincia de Luya – con amigos  fuimos al barrio de “Santa Ana” a insistencia mía para conocer esta diminuta imagen que causa admiración a todo aquel que lo visita, y vaya que es así. Al abrirse las puertas de la capilla, fuertes y agradables olores a crisantemos, azucenas, retamas y claveles, así como a flores diversas inundan nuestros sentidos. A lo lejos se ve un altar muy bien iluminado. Resalta un capullo rojo de fondo amarillo con luces blancas. De la imagen nada. Al acercarse al altar y otear el lugar una figura plateada brilla con luz propia, es el “Inmaculado Corazón de María”. Sinceramente mide tres centímetros de altura.


SU HISTORIA

“Idelfo Zegarra, huérfano de padre, que vivía junto a su anciana madre, Doña Ricardina Castañeda, tenía dos actividades que desarrollar en su infancia: Ir a la escuela Nº 18109 de Lámud y madrugar todos los días a Shanín con el propósito de juntar escobas de paja para venderlo y mantener su hogar.



Tantas idas y vueltas y las pérdidas de las pajas en diferentes huertas de Shanín, uno de los dueños decidió madrugar para identificar al ladrón, al encontrar dentro de su propiedad a Idelfo, quitó todas las escobas recogidas y dándole su castigo le mandó a su casa. Idelfo, llorando regresó a casa, dando malayas por su suerte, ya que ese día sin la venta de escobas no tendría para comer.

Decepcionado fue el cerro de Tinya Urco, en busca de paja para las escobas, al ingresar a una propiedad privada cayó al suelo luego de resbalar a causa de haber pisado una piedra redonda del tamaño de un huevo de perdiz. La juntó y la arrojó en el mismo camino, pero al escuchar un sonido raro al interior de ella la recogió y guardó en su bolsillo y al regresar a su casa luego de encontrarse con su madre, baja al río Jucusbamba para lavarse los pies e ir a la escuela. En ese transe la piedra redonda la frota con otra similar de shique y se parte apareciendo la figura de una virgen bien pequeñita.” (sigue la historia)


Esto sucedió el 28 de Julio de 1952. Con el paso de los años, la curiosidad de la gente hizo que se convierta en fe. En la actualidad cuenta con una capilla amplia en el barrio de Santa Ana, sobre un terreno donado por la familia Chocaca Marena. La culminación de la obra fue motivo de algarabía distrital y al acto de bendición acudió el Padre Garín, entonces párroco de Lamud.





Desde aquella ocasión, tanto las “chinas” como los “chinos” que así son llamados los mayordomos (en su mayoría pequeños) realizan anualmente los sábados la novena en su honor, después de su día central hasta la víspera del siguiente año. De lo que en sus inicios eran unas cuantas familias, hoy la virgen más pequeña del mundo, es visitada por decenas de personas de todas partes del mundo, que por curiosidad o fe visitan el barrio de “Santa Ana”, ubicado en la parte alta de la ciudad de Lamud, subiendo el cerro y cerca al Cristo Redentor, para ver con sus propios ojos, la figura perfecta y plateada del “Inmaculado Corazón de María”, que en su pequeña urna dorada y silenciosa, espera la visita de todos , para ser admirada y escuchar de nuestros labios, una oración terrenal para aspirar su santa bendición…y si es muy curioso, lleve una lupa y podrá leer su nombre impreso en la parte inferior de su cuerpo.



Mi visita, inspirada en “Gualamita”, Patrón de Luya y de Amazonas, hizo que vea a ambas deidades cargadas en procesión por sus hijos. Es muy interesante, curioso: la madre muy pequeña a su lado derecho y al hijo, grande, inmenso, pero los dos llenos de amor en sus miradas, de vigilancia a sus devotos y de dulzura eterea. Sin duda alguna, Lamud, es la capital de la fe en Amazonas.
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