miércoles, 2 de diciembre de 2015

Tocan a la puerta


Pese a las lluvias extremas, el frío incontrolable, el dolor del alma, las mañanas abren sus ojos más temprano que en otras estaciones. Sorprendentemente estamos en verano. Un verano helado, fúnebre con un cielo nublado entre gris y blanco que amenaza llover de forma permanente.

Toc, toc, toc. Entre dormido y despierto escucho que tocan la puerta. ¿A esta hora? Bajo lentamente las escaleras, como nunca me duele los tobillos. Cojeo. Miro por la ventana. Raro muy raro. Era un hombre con la tez pálida, delgado, ni alto ni pequeño. Con mis ojos nublados por la miopía le observo cada uno de sus movimientos. Mira su reloj, extiende la mano hacia el cielo, se rasca la cabeza. Toc, toc, toc. ¡Buen día! ¿A quién busca?.


Me mira, lo miro, pasa sin decir nada, tampoco lo prohíbo. Se sienta en el mueble de la sala, quiere prender un cigarro. ¡Aquí no se fuma!  ¿Está perdido? Para nada, me dice. Estoy revisando mi lista, ahora te toca viajar conmigo. Ni siquiera lo conozco, tampoco tengo pensado viajar hoy. Eso no es mi problema, ¡despídete! Ya no hay tiempo que perder, en el camino tenemos que recoger a los demás.

¿Está loco verdad? Tocas mi puerta temprano, ingresas a mi casa sin pedir permiso, atrevido quieres fumar un cigarrillo, me pides que viaje contigo y ni siquiera sé quién eres. Muy simple – me dice- Desde que naciste estas en mi lista, he caminado siempre contigo. En donde hayas estado, estuve a tu lado. ¿Te acuerdas esa vez en que el bus chocó contra el cerro y la luna se rompió cerca de tu rostro? ¿Cuándo rodaste las gradas del estadio y te llevaron al quirófano para suturar tus heridas? ¿Te acuerdas de esa noche en la escalera que tu cuerpo iba a caer al abismo? ¡Ah! y cuando eras más pequeño ¿Sentiste esa mano que te cuidó para que no caigas desde el segundo piso, luego de tu desmayo en el colegio? ¡No sigas! le dije temblando y sudando muy frio.

Pe,e,rrro, tartamudeando le dije ¿Por qué ahora?, justo ahora que necesito vivir. Ahora que mis hijos necesitan más de mí. Así es la vida, impávido seguía hablando. Yo cumplo órdenes y sin murmuraciones. Unos están más tiempo que otros. Ya viviste suficiente. ¡Suficiente!, recién tengo cincuenta años ¡No es suficiente! ¡¿Debe haber una equivocación, no?¡. Revisa la lista, te lo pido por favor, le supliqué con lágrimas en los ojos.

Se escucha pasos que bajan a la sala. Nos miramos los dos, miramos al intruso. Se para, me abraza y murmura en mi oído. No quería que nadie nos viera. Para en otra no habrá testigos. Vive, solo vive. Permiso dijo, abrió la puerta, de un tranco llegó a la calle, lo miré por la ventana y tal como vino desapareció. Mi cuerpo recuperó su calor. Miré a mi hijo, le abrace, le dije te quiero. Yo también, escuché y me puse a llorar
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