domingo, 16 de agosto de 2015

La solidaridad no es una palabra: es acción

Quizá entre cuatro mil y más personas que asistieron a la III Misión Médica Internacional saben de cerca lo que significa la solidaridad. Palparon de cerca el juramento hipocrático de los médicos que colaboraron en esta campaña. Vieron de cerca, la mano de Dios. Ese ser omnipresente que hace que las cosas fluyan y de luz a sus hijos terrenales para que hagan de su profesión un servicio al prójimo, al desposeído, al pobre, al enfermo.

He participado indirectamente de esta campaña y sería enorme y largo escribir y describir a todos los que directa o indirectamente hacen realidad este acto solidario y que ya lleva tres años consecutivos en Chachapoyas y se orienta hacer quizá la movilización solidaria más importante del norte y la amazonia en el futuro.
Sin embargo tenemos que reconocer la labor misionera de Ismael La Rosa, actor, productor, bailarín, famoso en toda Latinoamérica por su brillantes papeles en el cine, teatro, televisión, que hacen fila para recibir un autógrafo de él y sin pensarlo dos veces estuvo con nosotros y caminando como cualquier mortal, derramando amor, cariño y una enorme sensibilidad social, al extremo que escuché decir a sus amigos que se siente un chachapoyano más.
Otra persona que merece mi reconocimiento, es Karina Rivera, guapa, carismática y que antes que ingrese la tele basura, era la compañera de Timoteo un dinosaurio verde muy simpático y querido por los niños. Ella al leer sus post en su página personal, dice algo realmente emocionante: “Chachapoyas, gracias por darme la oportunidad de servir a la gente, por sentirme realizada, por ser parte de ustedes. Cuantas veces sea posible estaremos de regreso y conocerte mejor. Eres una ciudad linda como tu gente”.
La casualidad hizo que ellos sean amigos de nuestros amigos, dejen su tiempo, su vida y su familia. Tanto Ismael como Karina, son el reflejo de que si el mundo visitaría a nuestra ciudad, dejarían su corazón como ellos lo están haciendo. Los he visto por segundos a cada uno de ellos y con solo mirarlos, sabemos el tipo y calidad de gente de ambos.
Ayer por la noche en un centro comercial, pude abrazarla a una querida compañera de estudios. Conversamos diez minutos. Nos miramos emocionados, no tanto por el reencuentro sino porque pese a todo lo que ella pasó como madre, como esposa, me dijo “Manuel, yo que haría por mi tierra. Me hice una promesa y gracias a la misión vengo orgullosa a Chachapoyas para compartir con los pobres toda mi experiencia de vida y profesional. Sigue siendo bella, más su mundo interior. Gracias por ese tiempo juntos mi estima Nancy Serván.
Un punto aparte es Jorge Reina Noriega, amigo de mi padre, que alguna vez se le ocurrió decirme en público que soy una leyenda viviente (hasta ahora no me lo creo, pero sí creo que él lo es). Este hombre con h, profundamente enamorado de esta tierra nuestra Chachapoyas, pese a sus ochenta años a cuestas, se puso el hombro en el Perú de esta Misión. Su mirada, su sonrisa, su inteligencia para hacer de las cosas difíciles, sencillas, nos hace crédulos que hay hombres de verdad.
Viendo de cerca como los médicos y voluntarios iban y venían de consultorio en consultorio, me preguntaba ¿Qué motiva a ellos estar con nosotros? No es el dinero, me dijeron, tampoco la fama o quizá ser famoso y meterse en política. Es el principio humano de SERVIR. La vida nos dio el privilegio de ser profesionales, de tener un status diferente, pero hasta antes de estas campañas, nuestras vidas eran vacías y eso se llama SOLIDARIDAD.
Entonces si la solidaridad existe me vuelvo a preguntar ¿por qué no surge en todos? Y me acuerdo que durante decenas de generaciones que emigraron y no regresaron, los amazonenses debemos tener miles de médicos y de todas las especialidades dispersos en todo lugar, pero ¿que hace que no se identifiquen con estas campañas?. Por mi cabeza divagan una serie de hipótesis que no me atrevo a concluir.
No creo que sea indiferencia, tampoco olvido, menos abandono a sus padres y abuelos enterrados, tampoco a sus amigos, peor a sus vivencias en la infancia, a sus primeros pasos, quiero creer que NO SON CONVOCADOS, que no son tomados en cuenta, que están prestos al llamado. Eso quiero creer.
La solidaridad es quizá el valor más sublime creado por el hombre para el hombre. No hay nada más grato SERVIR a los demás. Y servir no es dinero, no es tiempo, tampoco una pose. Es sacar de nuestro corazón el lado más humano y ponerlo al servicio del prójimo. Ese que puede ser tu hermano, tu amigo, tu paisano, tu otra cara de la moneda, que hasta hoy no lo tomamos en cuenta.

Muchas gracias a todos. Gracias por dar parte de su tiempo. Estoy seguro que si todos los que pudiéramos ser misioneros daríamos todo a cambio de nada, el mundo sería distinto y AMAZONAS sería el paraíso terrenal para tanto mortal que necesita una mano amiga para sentirse también hijo de DIOS.
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