domingo, 3 de agosto de 2014

La sonrisa de María


 Terminada la misa, el coro que acompaña la ceremonia dominical entona tres canciones, entre ellas el grano de mostaza y me hizo acordar a una ceremonia que tuvo mi hija en Burgos hace muchos años, de emoción mis ojos se nublaron por las lágrimas, con disimulo evitaba que rodaran por mis mejillas y recordé que hace  dos años por estas fechas, como presidente de las fiestas patronales, me paso lo mismo.

Una noche de agosto del 2012, cansado llego a mi casa y tengo el sueño más inusual de un común mortal como yo. Estaba en un lugar fuera de la ciudad, vestía una casaca de cuero negro, un pantalón jean raído y puesto unos zapatos negros sucios con polvo. Una llamada de mis compañeros, me recuerda que tenía que ir a la plazuela de burgos, ya que en ese lugar teníamos que condecorar a la patrona de nuestra ciudad. No puedo les dije, estoy con ropa sucia. Como sea vienes o vienes y me cortan la llamada.
Imaginariamente me traslado a la plazuela y miles de personas acompañaban la procesión desde Tushpuna. Antes de cruzar la fachada del templo, tal como habíamos planificado, cientos de policías habrían el paso con cruce de espadas, pese a mi vestimenta y desaliñado mi apariencia, me entregan en una bandeja una medalla, me subo a una silla pequeña, bajan el anda, levanto mis manos con la ofrenda y la mama asunta, se agacha y me da un beso en la mejilla.

En otra ocasión, recuerdo que en mis sueños vi cómo se quema la ciudad partiendo el fuego desde la catedral y como hicimos que esta se apague con una improvisada procesión de la virgen (esta historia lo cuento en mi libro “Historias de Almohada”). Estas dos experiencias recuerdo que lo comente al Obispo en la procesión del 15 de agosto de ese año, solo obtuve como respuesta, que es el testimonio viviente de la fe y que eres un privilegiado, como muchos de los creyentes que siguen a la Mama Asunta a lo largo de la historia http://mcabanas.blogia.com/2008/080501-la-coronacion-cincuenta-y-seis-anos-de-historia.php.
En el 2012, que se celebraba los 60 años de la coronación apostólica de nuestra patrona, hubo muchos acontecimientos personales que me marcaron para siempre (http://melcalez.blogspot.com/2011/11/que-esconden-los-ojos-de-la-virgen.html) y que los guardo como un trofeo personal y nunca podrá ser comparado por algo material que se nos pueda entregar.


Hoy al final de la ceremonia religiosa, luego de contener mis lágrimas, me acerque a saludarla, tocar su manto. Después de dos años la tuve muy cerca, la mire emocionado por este reencuentro, internamente la dije que me perdonara por mis actos, que la quería como a ninguna, al tocar sus dedos con los míos, una descarga eléctrica pasó por mi cuerpo, pero no tuve miedo. Me agache en señal de respeto, me persigné y salí a la calle, antes de cruzar la puerta principal de la capilla, sentí una extraña sensación en la espalda, me voltee y una sutil sonrisa cruzamos los dos: La madre de un amor a prueba de miles de pecados y un hijo atribulado por sus demonios interiores

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