viernes, 5 de abril de 2013

Blas Valera: Entre verdugos e hipócritas



  
       
Conforme pasan los años, Blas Valera ,de ser un mito con las investigaciones que se desarrollan a su entorno, le regresan a la vida, pese a que vive enterrado por más de cuatrocientos años. En cada hoja de su existencia, encontramos a un hombre enfrascado entre la ignorancia colectiva y la sabiduría futura. Vemos a un hombre adelantado a su tiempo y el primer mensajero franco y directo de las barbaries en la conquista. Hijo de la india Urpay (tórtola), que fue violada a los 15 años por Alonso Valera, nace entre llactas y runas, el que la historia lo podría catalogar como el primer cronista peruano, mitad español, mitad indio, pero indómito a toda dominación.

            En un escrito traducido del cuaderno “Exsul Immeritus Blas Valera Populo Suo”, el mismo narra su creación humana: Yo nací en Llauantu en Chachapuya, el día de San Blas del año del Señor 1545, en tiempos de Paullu Inca, siervo de los hispánicos e indigno de la estirpe real. Mi madre, la india Urpay (tórtola), hija del hampicamayocis (curandero) Illavanqa, fue desflorada por el capitán Alonso Valera, que, al desahogar sus deseos con esta muchacha de quince años, la contagio de una enfermedad de la piel que le causó muchas llagas en el cuerpo”
            “Si para Alonso el mejor lugar hubiera sido el matadero junto con el marqués, al contrario su hermano Luis, pues el poseía la virtud de la caridad, tanto que convenció a Alonso a tomar como esposa a la india Urpay, ya embarazada de mí. Lo que hizo solamente después de haberla bautizado con el nombre cristiano de Francisca y después de que, para mayor escarnio, se cambiara el bárbaro apodo Piri por Pérez.”

            Una parte dolorosa de la narración biográfica, Blas sigue “Pero ¿Qué alegría podía disfrutar en esta vida, si siempre la idea de la muerte estaba presente en su corazón? Y por respeto a su memoria me callo de las injurias a las cuales Alonso la cometió, pero nunca su muerte. Alonso el mujeriego para con todas las mujeres indias, aquél sábado decidió pretender de su esposa, legitimada por la Santa Iglesia, lo que le era debido. Mi madre huyó de casa para no sucumbir a sus deseos. Entonces, Alonso se transformó en verdugo traspasándole el vientre con una espada. Ella cayó sin vida al suelo y él la dejó morir en su propia sangre”.
            Esta introducción dolorosa de su infante vida, hace que Blas Valera, asuma con realismo su papel de hijo y asuma más adelante la carrera de sacerdote, pero no para el servicio de la cristianización; si no para iniciar el proceso de libertad de su pueblo, como hijo del Tahuantinsuyo. “Como dentro sentía vejez, entendí que para morir tenía que vivir, para servir a la causa de mi gente, entre en la Compañía de Jesús a los 23 años”.

Revelaciones de Blas Valera
Según Blas Valera, el Inca Garcilaso de la Vega basó sus Comentarios Reales en los testimonios y documentos entregados por él. Sin embargo, Garcilaso habría tergiversado la información y minimizado detalles tan importantes como el de la escritura de los quipus. Valera asegura que el Inca Garcilaso fue un ignorante en la materia.
Dice también, el indio Guamán Poma de Ayala prestó su nombre “a cambio de un caballo y una carreta” para rubricar la autoría de la Nueva Corónica y Buen Gobierno.
Afirma también, familiares de su rama materna le enseñaron a descifrar e interpretar los capacquipus (quipus de la realeza), los quipus literarios y los quipus contables. Junto con los tocapus fueron la base de la escritura incaica. Tanto quipus como tocapus fueron destruidos durante la campaña de extirpación de idolatrías.
Según Blas Valera, y basado en testimonios de caballeros e infantes que participaron en la captura de Atahualpa, el último inca no fue vencido en combate sino después del envenenamiento de sus principales jefes militares.
De acuerdo a Blas Valera, los pobladores del Tahuantinsuyo eran los verdaderos dueños del Perú. Su fe era compatible con el dogma cristiano y su sistema económico bastaba para administrar todo el territorio del Virreynato del Perú.
Es decir, lo que afirma Valera, en los documentos reunidos y clasificados por Laurencich Minelli, Myriam Mikelmeyrs, evidencias una cruda realidad y al mismo tiempo tomarse en cuenta por la clase intelectual peruana, a fin de rebatir, cuestionar o afirmar lo que se dice, ya que llegando a la verdad, podemos conocer nuestra verdadera historia. Esa historia, que es mezquina con Balas Valera Pérez, quien por su legado, deja abierta una llaga que no se cicatriza y que conforme pasan los años, no hace más que reafirmar la criminalidad con que actuaron los supuestos conquistadores venidos de España.

A modo de conclusión y muestra de la crítica situación de los indígenas del Tahuantinsuyo, como dice Valera, escribiendo a Ignacio de Loyola, dice: “Beato Caballero de Cristo, ¿no fue el mismo Cristo quién borro nuestra deuda contraída clavándola en la cruz? ¿Quién entonces se otorga el derecho de Cristo de borrar los pecados de los hombres? Hombres hechos a imagen de Dios pero con la máscara de Lucifer, oprimen a sus semejantes, como culebras se revolcan en el Oro, en la plata y en la sangre de los vencidos” (sic).

            Blas Valera, merece ser estudiado en su verdadera dimensión y darle el lugar que lo corresponde en la historia latinoamericana.
           

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