lunes, 18 de junio de 2012

VIEJO, MI QUERIDO VIEJO



Esta mañana muy temprano salí al mercado a comprar flores para llevar a mi viejo al cementerio. Como eran las siete y un poco más, fui a la iglesia. Al finalizar la ceremonia, el sacerdote llama a un amigo y vecino de 88 años, Don Asunción Puerta para que en nombre de él salude a todos los papás por su día. Al fondo el coro parroquial con la dulce voz de una monja española, escuchamos esa vieja pero nunca olvidada canción “Mi Viejo” de Piero. No pude contener mi emoción y en un rincón de la Catedral, me puse a llorar.
Me acordé de mi viejo, de sus concejos, sus abrazos, sus caramelos, su nobleza, su don de ser. Era un SEÑOR PADRE, que por mi juventud caprichosa no lo valoré como tal y solo en sus últimos años de vida, entendí la dimensión de ser padre.
Lloré recordándole en su estudio fotográfico y su clásico “treinta treinta”, su capacidad para resolver crucigramas acompañado de gruesos diccionarios. Su hermosa caligrafía pese a sus pocos estudios alcanzados. Su infaltable hora del café a las cuatro con sus hermanos de toda la vida “Sapo” Marín, Leopoldo Villanueva, Manuel Torres y otros. Su postura jovial y paciencia para tomar las fotos con unas cámaras grandes y con tres lupas de lentes, su sonrisa eterna y palabras de aliento, comprensión y cariño.
En medio de mis lágrimas, me llené de soledad. Una soledad profunda y eterna. Miraba al  vacío, al infinito, a la esperanza. Miraba una película de recuerdos en mi memoria que guardo como legado con mi viejo. Ese viejo fotógrafo al cual tengo el mayor de los orgullos.
Uno cuando es hijo, no valora la grandeza de ser padre. Ahora que soy padre trato de ser igual que él; pero es imposible ya que la copia nunca será igual al original. Y mi padre es UNICO.
En su tumba contemplé su fotografía por mucho tiempo. Su mirada su sonrisa será siempre eterna para mí y para todos los que lo hemos querido.
Viejo, mi querido viejo. Descansa por siempre en paz, aun que nosotros tus hijos seguimos llorando tu partida y tratando de llenar el vacío que dejaste, al cual dudo reemplazar
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