martes, 10 de abril de 2012

LAS PENCAS YA NO HABLAN, NI LLORAN


Viendo en detalle las fotos aéreas de Chachapoyas que me obsequiaron, además de ver la expansión urbana, hoy por hoy hay pocas zonas liberadas de viviendas y con ella las rutas de los amoríos infantiles desaparecen para siempre y con ellos las valientes pencas ubicadas camino al Atajo, a Taquia, al Molino, a Canchulhuayco y al camino a Huancas que tan solo queda escasos metros del camino ancestral.

De mi adolescencia recuerdo muy bien dos cosas. Mi primer amor y las pencas que fueron testigos de mis juramentos, falsos o no, pero en fin, juramentos. Recuerdo que cortábamos la espina de la penca y surcábamos con fuerza por sus hojas tallos: Hacíamos corazones entrelazados, las iniciales de la enamorada ilusionada en que encontró al hombre de su vida, frases de amor, promesas al tiempo, deseos compartidos y quizá utopías solo comparadas con las quimeras de mi infancia.

Voy a romper esos juramentos juveniles y los contaré que habré inyectado de frases memorables en muchas pencas de mi ciudad: A la salida de Mendoza por Tushpuna donde decenas de parejas hacían lo mismo, que es enamorar, por El Franco, hoy desaparecido por la colosal construcción que se viene haciendo en la ciudad universitaria, por la zapra y hasta por curquingue.

Hoy, marcado por los años, flechado por el amor a la familia y en uno de esos viajes fuera de la ciudad a modo de recreación, quise encontrar alguna penca mía donde perennicé mis deseos y las tengo claritas donde marque y deje mi huella. Esos desaparecieron por el crecimiento urbano, murieron para siempre para dar pasos a viviendas. Murieron con ellas el romance a la penca, el romance de una generación marcada por la inocencia y el amor sin razones y plagado de pasiones.

Sin embargo en la ruta de Shashque a Puca Cruz, existen pencas que todavía hablan a la historia: “Juntos por siempre J&R”, “ Mi amor por ti, es más grande que mi existencia, Te amo Juan D”, “Nadie como tú, solo tú, Ángel a María”, “Te amaré hasta mi muerte, Lucía” o un extraño deseo “ Te di lo que querías, dame tu alma para que después de tu muerte, sepas amarme como te amaré yo” SHD a MDH. Todos esos mensajes fechados entre 1 969 y 1 983. Una pena que ese día no llevé mi cámara fotográfica para registrarla; pero es una deuda pendiente y se me ocurre, exhibirlas a modo de añoranza para que tal vez, muchos hagan recuerdos de esas promesas olvidadas y solo recordadas y perennizadas en una raída penca que en su momento soportó y lloró al sentirse marcada por semejante juramento.

Las pencas de hoy ya no hablan, porque fueron reemplazadas por otras alternativas y más seguras al amor. Hoy son las paredes de algún cuarto de alquiler, la pieza de un hotel, la pared de un baño, el Messenger, el chat, el twitter o el facebook. Es decir las promesas son modernizadas y ya no son testigos el tiempo, somos todos que mundanamente entramos en las redes sociales.

Con las pencas muertas, muere también una generación histórica. Una generación marcada por los buenos deseos y las malas fortunas y también las artimañas humanas. Una generación que quizá olvido su promesa juvenil solo por alcanzar su “estrella”. Con ella también se murió el romance, el chape a escondidas y con escrúpulos. Murió también una ciudad temerosa de sus amoríos a hurtadillas y a escondidas y con ella también muchos corazones que dejaron de amar, porque una huella, un trazo, una marca en una penca de aquellas los y las dejó registradas para siempre en el gran libro del romance empedernido, caprichoso, furtivo e incomprendido.

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