lunes, 21 de febrero de 2011

OJOS QUE MIRAN MUY POCO, CORAZONES QUE DE VERDAD SIENTEN

Anita y sus hijas

Cada fin de semana con el pretexto de salir a pasear a la mascota, con Mochita recorremos diferentes partes de la ciudad. Esta vez lo hicimos por el Asentamiento Humano “Santa Rosa de Luya Urco”, lugar donde las viviendas desafían la gravedad, donde se respira a deseos de superación a pobreza y una serie de necesidades que sí o sí tiene que ser atendida por nuestras autoridades.
La mayoría de viviendas se construyen de esta manera
Luego de subir por Yana-yacu y bajar cientos de gradas que se han construido. Mochita corre de prisa, escucho exclamaciones, ¡Shu,shu, perro! Corro y de la boca de mi mascota tuve que sacar un patito recién nacido, al levantar la mirada hacia los dueños de casa, me llamó la atención las miradas de todos. Desde la más grande a la última de las hermanas, miran al costado. Tienen los ojos desubicados, como se dice vulgarmente bizcos. Una disculpa por la travesura del animal, fue el inicio para contarlos esta historia.

La familia Ramos Vílchez, desde hace dieciséis años viven en esta parte de la ciudad en una casa en proceso de construcción. “Poco a poco y dependiendo de la platita estamos construyendo la chocita”, me dice Anita de cuarenta años y madre de las niñas de la historia. Cada parte de la casa está hecha para evitar las caídas de sus hijas: Escaleras anchas, patios amplios y despejados. Me dice que Edelmira (hija mayor) cuando nació estuvo cerrado su ojito más de un mes y cuando lo abrieron con sus dedos notaron que su mirada no era normal. “Con Florencio, mi esposo dijimos que seguro lo han sacado al papá porque el también tiene ese problema”, pero tanto la segunda, la tercera y la cuarta tienen la misma desviación en la vista.
Belmira y su mascota. Una oveja que se llama Domingo

Me dice, Anita, que lo han visto los médicos de la ciudad y lo han dicho que no pueden operarlas y que necesitan usar lentes. Me mira y me dice, que no tiene plata para esas cosas ya que se tiene que cambiar cada año. “ Yo gano entre cuarenta o cincuenta semanal lavando ropa, mi esposo ya no trabaja como agricultor porque está perdiendo la vista pese a que tiene 56 años”.
Nótese la mirada de María Isabel de ocho años

Con la curiosidad de ver a un extraño, Lira Mercedes, deja de lavar la ropa y me pide acariciar a Mochita, intenta mirarme pero no puede. La toca y me dice que es bien peluda y se ríe. Al otro extremo de la casa, una oveja bala en protesta, porque Belmira de once años cargó a su cría. Me dice que es su mascota y que se llama Domingo.

Luego de tomar una taza de agua, escucho de Anita, que pese a esa dificultad, sus hijas van a la escuela y que cuando están de vacaciones como ahora, la ayudan lavando la ropa en las casas de la ciudad o también limpiando mondongo. Todas excepto la mayor estudian en la Institución Educativa “Santa Rosa” porque está más cerquita de la casa. Da un largo suspiro y me dice que con cuatro chicas en la escuela no puede comprar los materiales que les piden. “los uniformes son caros, el cuaderno no baja de dos soles, lapiceros, borradores”. ¿Y cómo haces para comprarlos entonces? Le digo. A mis patrones los digo que lo compren y yo trabajando poco a poco los pago, me dice mirándome con vergüenza.
Un descanso acompañado de la mascota. Al fondo mi tierra: Chachapoyas
Luego de media hora de conversar con ellos, tomo a mi perrita, me despido de ellos, internamente salgo con la promesa de publicar esta historia y quizá parte de los que me leen puedan apoyarme para darnos sus útiles para la escuela o quizá alguien de Lima que tenga sus amigos o contactos con el Hospital de la Solidaridad o el Instituto Nacional de Oftalmología para que sean tratados por especialistas y ayudarlas para que mejoren su calidad de vida. ¡Espero que así sea!

Pienso que todos los hombres, tenemos varias razones para vivir en la tierra. Además de servir a la familia, se tiene que hacer con el prójimo. Edelmira, Belmira, María Isabel y Lira Mercedes, necesitan que se los tienda más que una mano. Si queremos ser distintos, demostremos ahora, dando un poco a que familias como de la historia, tengan un motivo más para ser agradecidos, pese a tamañas dificultades.
P.D: El patito se salvo. Lo gusta jugar con animalitos que no conoce mucho
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