lunes, 14 de febrero de 2011

ASI LO QUIERO A MI CHACHITA


El sábado, Chachapoyas sufrió una de esas lluvias que se parecen dos. Esas calificadas como lluvión. Las calles eras piscinas. Miles de zapatos húmedos, de ropa entumecida, de cabellos maltratados y de goteras reabiertas deben ser las conclusiones de este inicio de temporada de lluvias que amenaza con ser muy fuerte luego de un dos mil diez casi seco.
            A las diez y media del mismo día, arropado para paliar al frio, salí de casa rumbo a las compras de la semana. En el camino me encuentro con mi querida carmencita, una amiga del diplomado. A modo de piropo le dije como una joven guapa puede estar mojándose en la lluvia. Suelta de huesos me contesta, que así lo quiere a su chachita. Con lluvia o sol, con frio o calor, con apagones, con rayos, con tristeza, así lo quiere a su chachita. Una cuadra más adelante, cavilando en mis emociones, comprendí que chachita, por sobre todas las cosas, es una tierra sin igual.


            Chachita como se conoce a Chachapoyas la capital de Amazonas, es una tierra sin comparaciones. No tendrá muchos atractivos, no gozará de prestigio, ni mucho menos de grandes inversiones, pero la preferimos así como está: Callada, silenciosa, intermitente, sosegada, pasiva, taciturna, benévola y sobretodo linda. Chachita, es muy antigua, pero se renueva de piel con cada generación que nace. Es señorial cuando muere el día y nace la noche, las luces multicolores le dan un toque de majestuosidad. La catedral luce majestuosa, la calle Amazonas digna de nuestra ciudad, la plaza mayor pese a la neblina es sencillamente bella.

            Mi chachita, tiene diversos olores y sabores, todos dependiendo de la estación. Huele a pescado seco con su purtumote, a un guarapo casha-casha cuando caminas al Molino, a tamales, humitas y juanes y su chicha de arroz cada domingo en el mercadillo. A carne enrollada y cecina si estás en un cumpleaños. A zapallo, cuyes, gallinas, panes, guaguas cuando visitan los votos. A serpentina, chisguete, talco en los carnavales.  A azucenas cuando visitas Taquia.
           

Hueles a historia cuando visitas sus museos o casas tradicionales que custodian reliquias de un pasado gallardo y que se niega pasar al olvido. A gloria, cuando visitas las pampas de Higos Urco. A esperanza cuando oteas la ciudad desde el Puma Urco. A fe cuando la Virgen Asunta derrama sus bendiciones los primeros quince días de Agosto. 
A Chumaychada y al brazo en cada evento señorial que se desarrolle en la ciudad. A tuya, cuando bebes sus aguas en el pozo de yanayacu. A soledad cuando caminas por sus calles muy de madrugada y solo el silencio responde a tus inquietudes. A ilusión y optimismo cuando ves caminar a cientos de niños que sin saber son su presente y futuro.

            Mi chachita, es para muchos como yo, mi pasado, mi presente y mi futuro. Es la razón de mi existencia. Es mi oración, mi credo, mi dogma. Es mi terruño adorado. Pese a todo, así también yo lo quiero a mi chachita.



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