miércoles, 24 de noviembre de 2010

¡BRUTO ESE LETRERAZO!


Esa fue la frase que escuché esta mañana al pasar por el jirón libertad. Al levantar la mirada pude constatar que realmente era verdad. Dos inmensos letreros de una empresa comercial telefónica se han terminado de instalar en pleno corazón de la ciudad. Dos inmensos letreros que presumo se impusieron sobre las normas, sobre los reglamentos, sobre los planes, sobre todo…por el bendito dinero.

Deben medir más de 20 metros cuadrados, se distinguen desde cualquier punto alto de la ciudad, cuentan con una pesada estructura metálica que demoró en construirse. En cada una de ellas se promociona celulares. Una promoción a juicio de los paisajistas, exagerada y a opinión de los defensores de la ley, una aberración y una muestra letal de la total indiferencia de las autoridades locales, así como del INC. Otras personas, discrepan y saludan el ingreso de la modernidad.

Y si a eso lo sumamos que se viene permitiendo la venta de huevos de codorniz o potentes reflectores para promocionar a una empresa de electrodomésticos en pleno jirón empedrado de Amazonas, la cosa va de mal en peor y es una carga social negativa que recibiría la gestión de Diógenes y compañía a partir de enero del 2011.


“Lo nuevo no está reñido ni con lo viejo ni con lo moral”, decía hace más de 194 años Don Alejandro Toribio Rodríguez de Mendoza y tiene toda la razón. Lo nuevo es sinónimo de cambio, de desarrollo o crecimiento, lo viejo evidencia el pasado y el recuerdo; pero se da el caso que Chachapoyas es un solo conjunto arquitectónico en toda su zona monumental. No cuenta con zonas exclusivas para residencia. Chachapoyas es un todo y como tal pese a los cambios tiene que preservar la intangibilidad de su arquitectura, de sus normas nacionales que permiten la conservación, preservación y valoración paisajista de territorios como el nuestro que tienen un valor nacional.

Creo que tenemos que aceptar todo lo que venga, pero con condiciones, de lo contrario, dejaremos de ser ese lunar que tanto admiran en el mundo turístico- por la armonía arquitectónica, la uniformidad de nuestras calles – para pasar a ser una ciudad sin identidad, sin valor agregado a su pasado, a su historia y tradición. Se impone el principio de autoridad hoy, para no devolver favores políticos ni económicos mañana.
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