sábado, 17 de abril de 2010

SI NO FUERA POR EL CASI…

Venía de Chiclayo a Chachapoyas como todo asegurado. A las ocho en punto se sube en el terrapuerto de GH Bus. Un terramozo nos da la bienvenida, ruega que Dios nos acompañe en el camino y al parecer ese ruego fue atendido y salvó 47 vidas.

Eran las dos y treinta de la mañana, nuestro carro, lento bajaba el abra de porculla, conocido como “El Cuello”, en la zona plana el chofer acelera, una curva y de pronto un ruido infernal despierta a todos del sueño. Un vidrio se rompe. Se llena de polvo el área de pasajeros. No lo sé: Falla de la maquina, dormida del chofer; pero lo que si se, es que si no fuera por un cerro de piedra, no creo que estaría para contar esta historia.

Luego de varios segundos de silencio, se comenzaron a escuchar los gritos de desesperación de los atribulados pasajeros. Algunos implorábamos la calma, que todo ya pasó. El ayudante de la tripulación rompe la puerta de acceso de la cabina y abre la puerta. Por sobre el polvo uno a uno comenzamos a bajar del bus. En cada cuerpo, presumo que el corazón golpeaba más que nunca.

Afuera, notamos que el carro quedó plantado en la cuneta. La parte inferior del chasis había levantado parte del asfalto a causa del arrastre del vehículo. Las huellas evidencian que el chofer trató de controlar la máquina y se notaba la invasión del carril. Después de varios minutos de rumores, comenzaron las especulaciones: Desde arriba venía sonando mal el carro, decía uno. Otros decían que era dormida o que la dirección había fallado. Lo cierto es que el carro había sufrido muchas magulladuras.

En esos momentos del accidente, que por vez primera me sucede, me arrepentí de todo y de nada, imploré mil perdones, rogué a todos los santos. Pensaba que nos íbamos al abismo, que de ésta no salíamos, que me olvidaba del futuro, de mi familia, de mis hijos, de mis amigos y de mis sueños, pero por esas cosas del destino, un cerro marcado por las piedras fue la valla para que el carro detenga su precipitada carrera.

La historia de este viaje la conté a mis amigos y choferes. Mostrándoles las fotos coinciden que este accidente es a causa de una pestañada. Puede ser, no se puede afirmar ya que el carro se queda en el lugar del desastre, la empresa puede justificar todo y el chofer inventar varias historias y ya no sabemos ni quienes viajamos y si estamos dispuestos a declarar los hechos.

Lo que sí se sabe, es que la mayoría de choferes que laboran en empresas de transporte son sobre explotados, viajan y regresan en la misma ruta o alternan y descansan muy poco. Digamos el chofer llega a Chiclayo a las cinco de la mañana, es imposible que en el día y con el sol que quema hasta el alma en estos días puedan dormir sus ocho horas. Es más, las horas libres las usan para hacer compras o encargos para la familia y el sueño es un segundo plano, llega la noche y parten a otro destino y así la rutina de siempre.

Nos podrán dar como clientes los mejores servicios; pero si no atienden con calidad y esmero al recurso humano con que cuentan, todo puede suceder. Como este accidente que gracias a Dios fue un susto y no hubo contusos, heridos o muertos.

Hemos vuelto a la vida. He vuelto a dar gracias a Dios porque creo que son nuevas oportunidades que nos da para cambiar de rumbo si estamos equivocados, a pensar en positivo, a pensar en grande, a pensar en hacer realidad nuestros sueños.

Han pasado cuatro días, recién escribo la historia y hasta ahora no encuentro mi pulsario…
Publicar un comentario