martes, 9 de marzo de 2010

CACLIC Y SUS PIEDRAS DE HISTORIA


Hay que tener un vehículo a mano, la predisposición de choferes amigos para que en corto tiempo subas una peñón por algunos metros y te quedes maravillado de otro tipo de legados que nos dejaron los Chachapoya.

Desde hace mucho tiempo, he tenido las ganas enormes de visitar los jeroglíficos de la Pitaya o Cáclic, distante a veinte minutos de la capital de Amazonas. Tiempo tan corto para disfrutar por algunos minutos de esta belleza.

Estacionamos el carro y divisamos un farallón que a simple vista no permite observar lo que para muchos es una joya complementaria de toda la valía turística de Amazonas. Subiendo unos cinco metros por un camino estrecho pero descuidado, vemos en la pared pétrea una decena de figuras antropomorfas que son de grata admiración. He visto monos, extraterrestres, dinosaurios, estrellas, hombres cazando, hombres como estatuas. Animales muy extraños como si fueran de otro planeta; pero también vi como algunos desubicados hacen tabla raza de la libertad para pintar con tiza este legado.

Es que causar destrozos en el lugar es tan sencillo, ya que nadie custodia el lugar. No basta con poner un letrero o unas pilas de cemento que dicen INC. No basta con incluirlo en nuestras rutas turísticas, tampoco basta permitir que cualquiera vaya al lugar, oficie de guía y cuente tantos cuentos que quiera contar.

No es extenso, es lo suficientemente necesario para que diez personas caminen holgadamente y miren con asombro el tallado de las piedras y la forma casi perfecta de los dibujos representados en ella. Uno se traslada al pasado y trata de imaginarse a decenas de talladores que a golpe de piedras filudas o hachas metálicas pequeñas permitieron en meses o años, dejar grabado sus experiencias, sus vivencias o sus recuerdos para que el mundo moderno las interprete.

Es suficiente quince minutos estar allí y llenar el corazón de nuevas energías y renovar a prueba de balas nuestro asombro por nuestros antepasados que han hecho cosas maravillosas. Esas maravillas por más pequeñas que sean, deben ser custodiadas por las autoridades competentes a fin que sigan siendo observados eternamente por toda la humanidad.
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