lunes, 17 de octubre de 2011

VIRGEN ASUNTA: UNA JOYA QUE TENEMOS QUE HACERLA BRILLAR


Recuerdo que por voluntad de los amigos y amigas de las promociones de Virgen Asunta y San Juan, nos hicimos de la organización de las fiestas patronales de la Virgen Asunta el año que viene, y desde esa fecha ronda por nuestras cabezas una serie de ideas, motivaciones para hacer de éstas festividades algo más que una fiesta, una procesión, un reencuentro con nuestra gente. Cada mañana, salen nuevas invenciones que poco a poco esperamos implementar con la ayuda de toda la comunidad.


Pero en fin. Tal como anunciáramos por los medios de comunicación, gracias a la Universidad Alas Peruanas, se publicará un libro fotográfico en homenaje a los 60 años de la coronación. Un libro que tenga detalles inéditos sobre la festividad, sobre las personas que ayudaron a que la figura de María, sea hoy por hoy una de las más veneradas en nuestra región.

Pensando en esto, el sábado con una cámara al hombro – en cada foto que tomaba recordaba a mi viejo – fui a la capilla de la “Virgen Asunta”, por mis ojos y por los ojos de la cámara pasaban cientos de flashes y de clics fotográficos y cientos de objetos y curiosidades que a lo largo de 60 años, la patrona de Chachapoyas recibe por parte de sus seguidores. Me contaba, una de las “chinas” de la virgen, que aquel penitente de plata, era lo que mi madre regalara a la Mama Asunta para que calmara los dolores de mi hermana que murió dos meses después y a los dieciséis años. Que aquella corona de plata era la primera recibida en 1956 o que aquella capa dorada era la más preciada de todas, que los aretes, cinturones, collares, rosarios y milagros son ofrecidas anualmente por cada uno de aquellos que recibieron favores. Favores, como el hacer que deje de llover para que ingrese el avión y en gracia a ello poner el nombre de sus hijos, etc.

Tuve el privilegio de gozar con cada una de sus joyas, de palparlas, de tocar el rostro de la virgen a mi antojo, mirarla de cerca, conocer sus entrañas, sus expresiones físicas labradas por manos ecuatorianas, otear sus andas, sus estandartes esparcidos en 40 metros cuadrados y recrear una historia todavía no contada que se esconde tras una imagen pequeña, de mirada penetrante y de sonrisa eterna.

Y me puse a recrear todas las actividades que se hacen en su nombre y poco muy poco se evidencia en resultados medibles para decir que esto es hecho por los feligreses, salvo, mejorar la capilla, comprar focos, mejorar los retablos y quizá nunca se proyectaron al futuro y diseñar un plan para comprar un terreno o una casa vieja para hacer un museo. Sí, un museo donde se exhiba con toda la seguridad del caso, todo lo que tiene la “Virgen Asunta” y con ello darle brillo y un motivo de orgullo para nuestras festividades.

Y si eso se diera, observarían todos, las reliquias de nuestra patrona, como el documento papal que permite su coronación, los fundamentos y milagros para coronarla, sus hermosos trajes multicolores que ya superan los sesenta, sus joyas de oro, plata y bronce, sus corazones milagrosos, sus diademas, sus aretes, sus collares, hermosos rosarios finamente labrados que hasta hoy muy pocas personas han podido apreciarla.

Entendí que las cosas vienen por una causalidad y un propósito y creo que si todos entenderíamos la real dimensión de las fiestas patronales del año que viene y que 60 AÑOS no son una celebración cualquiera y si pondríamos todos de nuestra parte, podríamos iniciar actividades económicas que nos permitan en algún momento hacernos de un terreno y a futuro construir su museo. Un museo donde no se abra en agosto; sino todo el año para que el mundo católico vea de cerca la piedad, pasión con que los hijos de Chachapoyas adoran a su patrona, que es una joya en bruto que tenemos que hacerla brillar por siempre.


¿Podríamos hacerlo?. Es el reto que lanzo a todos ustedes amigos
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