miércoles, 30 de marzo de 2011

ENTRE EL LLICTE Y LOS PERFUMES



Esta mañana, muy temprano entre la negrura de la madrugada y la limpieza del horizonte, bajo a la ducha, preparo mi ropa de cambio, mi shampoo Ego (para varones), mi jaboncillo, la toalla y mi cepillo de dientes, previa calesteña, me meto a la ducha, abro el caño y…ni una gota de agua. Como diría mi viejo ni para remedio. Felizmente, la noche anterior, mi esposa recoge agua para el desayuno o hierve unos cuantos litros para beberlo. Parte de eso, usamos en el aseo de la familia; no importa un baño como gato, fue la salida para limpiar el cuerpo luego de ocho horas debajo de la frazada.
            Entiendo que todos los que vivimos en la ciudad, hemos pasado este apuro y muchos habrán ido a la oficina, a la escuela, al mercado, limpiando en el camino el llicte de los ojos, usando pañuelos húmedos de Elite o perfume a borbotones para aparentar ser franceses. Es decir, por fuera flores por dentro temblores.
            Horas más tarde, ya por la radio entendí que el tema no era personal, (digo así porque hace muchos días vienen haciendo trabajos cerca de mi casa y puse el grito en el cielo por la lentitud de los trabajos), que el problema del agua era más que un accidente, es una tragedia colectiva, ya que el rompimiento de la tubería principal que traslada el agua desde Tilacancha a la ciudad, no es común y presumo que durará más de los normal.
Pero dejando de lado la tragedia del agua, el tema va por otro contexto que vale la pena  tomar en cuenta. Y tomar en cuenta, implica que este accidente tenga que pasar por los planes de contingencias, del cual no estamos acostumbrados los peruanos. Si contáramos con un plan de contingencias en Emusap, estoy seguro que ya pondrían en funcionamiento el sistema de Ashpachaca, que desde hace muchos años ya no funciona y que es una alternativa para superar estos inconvenientes. Los planes de contingencias, son de por sí costosas; pero necesarias, a fin de salvaguardar la calidad y seguridad de nuestra gente. Los planes de contingencias son necesarios en localidades o territorios como Amazonas que están expuestos a desastres naturales.
En el imaginario social y económico, pongámonos a pensar si Cáclic colapsa, ¿estará operativa la central térmica de Santa Isabel o el motor del Colegio San Juan? Si se volvería a caer el cerro en la carretera a Pedro Ruíz, como el derrumbe en el Túnel, ¿habrán hecho ya el trazado de la carretera alterna por Huancas a Cocahuayco como fue el ofrecimiento de las autoridades regionales anteriores? Son preguntas que no creo que tengan respuestas, por lo menos ahora.
Imaginémonos si estamos en los años de la crisis mundial que se prevé sucedería el 2050, donde los alimentos y el agua serían escasos, estoy seguro que todos en estos momentos estaríamos haciendo largas colas para comprar en grifos del agua, algunos litros y todo restringido por el gobierno. Además muchos de los que vivan en esa época, según dicen los futurólogos, no tendrán pelo, se bañarán no a ducha abierta y llena, sino con gotero, tendrán la cabeza rapada y el promedio de vida, menos de cincuenta años y, si hablamos de la crisis ambiental, mejor nos quedamos allí.
Ya han pasado largas horas de sequía, ojalá se supere esta tragedia colectiva y regrese el agua a la casa y con ella, la limpieza, el baño, el chorro de agua en la cabeza para relajar nuestra existencia y por supuesto para preparar nuestros alimentos que todavía son una bendición en nuestras casas, porque si se acaban los pañuelos húmedos, los perfumes y las lociones, los aromas y olores serán más que evidentes.
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