lunes, 25 de enero de 2010

HOMENAJE POSTUMO A UBICHO CABAÑAS

AUTOR: JORGE WASHINGTON REINA NORIEGA

No tengo idea, como es que en forma silenciosa logró tener una ubicación de privilegio entre los fotógrafos de nuestra Fidelísima Ciudad de Chachapoyas, profesión que a mediados del siglo pasado solo era propiedad de tres maestros de reconocido prestigio.

Wenceslao Cabañas Alvarado, cariñosamente llamado Ubicho, rompe el esquema tradicional de los fotógrafos de esa época, los cuales eran muy circunspectos, de una edad madura, que inspiraban mucho respeto, con sus tiendas u oficinas clásicas, los vidrios en las veredas con sus positivas secándose al sol, sus vitrinas de fotos de personajes visibles, de matrimonios, bautizos y cumpleaños, de paisajes y velaciones y aún de aquellos hombres y mujeres especiales, que los conocíamos como upas. Casi siempre había un biombo que separaba la trastienda donde nos tomábamos las fotos de carnet en las épocas de las matrículas o cuando queríamos sacar nuestros certificados de estudios. Inolvidable la máquina de cajón sobre su trípode, con su bolsa negra como una manga, y la puerta que daba ingreso al cuarto oscuro, con olor a ácidos y sustancias químicas que daban al ambiente un toque especial, por no decir tétrico.

Siempre con la sonrisa a flor de labios y la palabra amable, don Ubicho fue el fotógrafo de la juventud, del adolescente, a quien lo entregábamos nuestro rollito de película Kodak donde estaban impresas las imágenes del abrazo o el beso furtivo de nuestros amores de colegial tomadas en un paseo al campo, o en las tardes de visita a las iglesis y capillas o en el peregrinaje a nuestros muertos en el campo santo, o en la plaza de armas después del desfile, o en la puerta del cine Central a la hora de la matinée. Su estudio siempre con las puertas abiertas, en la calle del Comercio, al costado de la iglesia de La Merced y un poquito más arriba de la tienda de don Tomás Villacrez, con sus clientes la mayoría colegiales que buscábamos, en el amigo sincero, que guarde nuestros secretos, cuando el amor puro y limpio de nuestra juventud, se plasmaba en una imagen para la posteridad, que sonrojaba a nuestras lindas y candorosas noviecitas e hinchaba el pecho de nosotros, los afortunados.

Nunca egoísta, siempre deseoso de compartir su arte y su oficio. Con él aprendí a “cajear” y encontrar que la exposición de la película debe ser en el tiempo preciso para que no se “vele” la foto. Descubrí que en el cuartito oscuro había depósitos con el revelador y el fijador y, si bien es cierto que mis uñas y mis dedos se teñían de negro o marrón con las sales de plata, pero la satisfacción al descubrir el milagro de sacar las imágenes en papel brillante o en papel sepia bajo la atenta mirada del maestro Ubicho, compensaba mi imprudencia y mi falta de cuidado, aunque para decir verdad, estos descuidos también era un motivo de orgullo, al mostrar a nuestros compañeros de clase, nuestra nueva habilidad.

Interesante personaje don Ubicho Cabañas, apasionado y enamorado del tiempo. Las miles de fotografías que en su largo peregrinaje ha captado valiéndose de su máquina Minolta, Pentax o Zeis ikon, son parte de la historia de nuestra región de Amazonas ya que supo enfocar las imágenes en el momento preciso, con el ángulo exacto en el que el artista consumado, encuentra la verdadera inspiración y las transforma en escenas vivientes inmóviles, pero presentes, que perduran a través del tiempo y despiertan una sonrisa o quizás una lágrima cuando las observamos en nuestras colecciones amarillentas y empolvadas, que duermen en el baúl de nuestros recuerdos. .

La provincia de Rodríguez de Mendoza lo recordará como el maestro de escuelita fiscal y, sus alumnos siempre lo tendrán en su corazón y aquellos que creyeron ser enemigos al sacarlo de un puesto del Estado, no lo olvidarán, porque se convencieron de su probidad y honestidad y que sus ideas políticas solo eran expresión de sus convicciones y de su creencia en los hombres que aman de verdad a sus pueblos y creen en su desarrollo y un futuro mejor para su gente. El se fue a la tumba perdonándoles y agradecido porque si bien es cierto, lo sacaron de sus aulas, siguió dictando clases en la escuela de la vida, donde fue un verdadero maestro que nunca se manchó con la corrupción de la política que daña, no solo al hombre, sino también a la familia.

Fundador del Club Deportivo Sachapuyos en la ciudad de Chachapoyas, tuvo la oportunidad de relacionarse con la juventud de ambos sexos y vitorear a su equipo en las canchas de Belén, del Colegio San Juan, del estadio Kuélap o ahora último del Coliseo Ordinola, con la prudencia y la decencia de los hombres probos que hacen del deporte, un campo de batalla defendiendo sus camisetas y colores, pero donde campea la amistad en el pitazo final y el abrazo del triunfo o la resignación de la derrota.

Amigo Ubicho, dejas a tu adorada esposa y a tus queridos hijos y nietos, sumidos en el dolor pero con la satisfacción de saber que te recordaremos como el amigo bondadoso y leal, por mucho tiempo.

“WENCESLAO CABAÑAS ALVARADO DESCANSA EN PAZ”.
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