miércoles, 9 de septiembre de 2009

RELATOS DE ALMOHADA


Mi viejo, el fotógrafo de Chachapoyas



Plazuela de Burgos y su obelisco

Conversando con mi padre, me cuenta que cuando era chiquito, tenía un chancho de nombre “Pepe” y de donde llegaba y a la hora que llegaba, bastaba llamarlo por su nombre y de donde sea salía al encuentro de su joven dueño. Me cuenta que era blanquito y que cuando sabía que lo tenían que matar, tuvo que ausentarse de la casa por largas horas, ya que le daba pena saber que su amigo de la infancia tenía que morir para alimentar a toda la familia. Una familia de 11 hermanos y dos padres, uno picapedrero y otra ama de casa, que desde Santo Domingo salió a Tushpuna por amor de Don Manuel Cabañas Huamán, mi abuelo.
Así se subía al avión hace 50 años

En las horas que podemos conversar, como niño emocionado lo percibo cuando recuerda su niñez. Me dice en otro momento, que como era el mayor de los hermanos, siempre su papá le cuyaba mucho, al extremo que cuando llegaba del trabajo le daba a escondidas sus caramelos o confites: “Toma ubicho, pero no estés mostrando a tus hermanos”. Yo por fregar le mostraba al Teodoro y éste llorando se quejaba ante mi mamá Eloísa y tenía que esconderme debajo de la cama para que no me dieran mi golpe”, aun que mi papá nunca me llegó a pegar. Mucho me quería, me repite. Mi mamá era bien brava, morena, con sus trenzas nomás andaba. Ella vendía sus repollos, pedazos de sal que traían los arrieros de Yurumarca en el mercado de la ciudad.
Estudiantes en el Centro Escolar !31

Mucho hemos sufrido, peor todavía si era la época de la política. Me cuenta, que su papá, es decir, mi abuelo, era compadre de Don Lucas Rubio, quien llegó a ser Senador de la República. Era tan su pata que lo dejaba sacar todas las piedras que quería para venderlos. Una vez, me dice, vendió tantas piedras que teníamos arta plata y comíamos bien. Tu abuelo, ganó la buena pro para poner tres mil unidades de piedra para el hospital viejo, allá por Santa Isabel. Luego de una pausa mental, me dice “fíjate, tu abuelo también puso las piedras para hacer los canales de las calles en Chachapoyas”.
Ocho años he sido maestro de aula en el pueblo. Recuerdo que no había pizarras, ni tizas. A los alumnos se les enseñaba a propia voluntad y se tenía que tener mucha paciencia para que puedan aprender a leer. No seguí en el magisterio porque me comenzaron a perseguir políticamente. Tuve que viajar a Mendoza, donde me escondí para que los policías no me capturen, hasta que al final se hicieron mis amigos y solo me decían que no salga mucho a la calle para que otros no me detengan.
Mirando al cielo, recuerda que aprendió el truco de la fotografía de manos de Don Augusto Jiménez y que si seguiría con las fotos tendría 61 años de fotógrafo. Me dice que con su cámara viajó por todos los lugares, ni sabe ni lo contó a cuantas personas habrá tomado la foto, sea en cumpleaños, en la calle, en los pueblos, pero si se acuerda que el fotógrafo comía como músico. Bien papeao, bien bailao y bien tomao.
Plaza Mayor de Chachapoyas en el Congreso Eucarístico

Me dice que lo más complicado era sacar las fotos en los negativos de vidrio y hacer los retoques para que las personas salgan más buenmozos. Los enamorados llegaban para que los tome la foto en sepia. A veces había pedidos especiales, como sacar a la misma persona en una solo foto, pero era mucho trabajo en el laboratorio; pero como era bien pagado valía la pena el desvelo. Me dice que tomó fotos a todos los políticos que llegaban a la ciudad, especialmente a su jefe, Víctor Raúl Haya de la Torre, a Manuel Prado cuando inauguraron la carretera a Chachapoyas etc,etc...
El ya tiene sus ochenta y cinco años a cuestas que los cumplirá a fines de este mes. Tiene muchas historias para contar y muchas ganas, por parte mía para poderlo escuchar.


Publicar un comentario